La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Toledo celebró este miércoles la primera sesión del juicio contra seis personas —todas ellas de nacionalidad colombiana o brasileña— acusadas de traer a varias mujeres desde Colombia a España para su presunta explotación sexual. Los procesados han negado los hechos y han sostenido que las mujeres ejercían la prostitución de manera voluntaria. Óscar, señalado como el presunto cabecilla de la organización, fue el primero en declarar. Durante su testimonio aseguró que las mujeres eran «amigas» procedentes de Colombia que ya ejercían la prostitución en su país de origen. Según explicó, él únicamente les prestaba unos 3.000 euros para que pudieran costear el billete de avión, una cantidad que, según afirmó, le iban devolviendo «según podían». El acusado reconoció que, en muchos casos, era él quien recogía a las mujeres en el aeropuerto de Madrid-Barajas y las trasladaba posteriormente al piso que tenía alquilado en el polígono industrial de Toledo, en la avenida Boladiez. Aseguró que les alquilaba las habitaciones, aunque afirmó desconocer el uso que hacían de ellas. «Cada una tenía su propia llave y hacía lo que quería», señaló. Asimismo, indicó que eran las propias mujeres quienes se encargaban de publicitar sus servicios en internet. Añadió que su pareja, Ana, solo les enseñó en una ocasión cómo subir anuncios a las páginas web y que, en todo caso, ellas decidían libremente si hacerlo o no. Óscar insistió en que su única relación económica con ellas era el cobro del alquiler del piso, un pago que podía realizarse a él, a su pareja o a su hermana Gloria, quien también ejercía la prostitución y residía en la vivienda. En relación con las normas de convivencia, el acusado aseguró que eran «las habituales», como mantener la limpieza, evitar ruidos y no consumir drogas. Estas normas —dijo— también se aplicaban en otro piso de su propiedad en Algeciras (Cádiz), donde negó que las mujeres ejercieran la prostitución, afirmando que acudían allí «para cambiar de ambiente y variar ante la clientela». Sobre los más de cien gramos de cocaína intervenidos durante el registro del piso de Toledo, Óscar declaró que la droga era para consumo propio y negó que se destinara a los clientes. «Era mía; consumía cocaína y no era para vender», afirmó. Por su parte, Ana, pareja de Óscar, manifestó que no tenía contacto directo con las mujeres, ya que trabajaba en una tienda de alimentación latina y era su marido quien se encargaba del alquiler del piso. Aseguró no disponer de los teléfonos de las mujeres ni acudir a la vivienda para cobrar el alquiler, reconociendo únicamente que en una ocasión les enseñó cómo publicar anuncios en páginas de contactos. En cuanto a la droga hallada, afirmó que pertenecía a su pareja y negó conocer la cantidad que consumía, así como que se dosificara para los clientes. Otro de los acusados, John Jairo, hermano de Óscar, reconoció que fue él quien propuso a su entonces pareja, menor de edad, madre de un hijo y que ejercía la prostitución en Colombia, trasladarse a España. Según explicó, ella atravesaba dificultades económicas y viajó como su pareja, costeándole él el billete de avión. Negó, no obstante, que ella ejerciera la prostitución en España, afirmando que su función era acompañarle a sus actuaciones, asistirle y grabar vídeos. Insistió en que no existía ninguna deuda y que no contactó con otras mujeres para ejercer la prostitución. Reconoció que le entregaba dinero «porque sí» y negó haberla obligado a prostituirse, llegando a afirmar que «la que es puta es puta y se basta sola». Añadió que ella mantenía relaciones con otras personas y relató un episodio de infidelidad, negando también haberle retenido el pasaporte. Según su versión, la denuncia interpuesta por su expareja sería falsa. Por último, Gloria, hermana de Óscar y John Jairo, reconoció que ejercía la prostitución en el piso de la avenida Boladiez y afirmó que las mujeres colaboraban en las tareas domésticas y que nunca fueron sometidas a ningún tipo de control. «Éramos independientes», declaró. En relación con el registro policial, aseguró que en ese momento se encontraba en el baño y negó haber arrojado droga por el inodoro, como sostiene la Fiscalía. Admitió ser consumidora de estupefacientes y puntualizó que, en el ámbito de la prostitución, «nos pagan por drogarnos». Finalmente, Lina y Julián, una pareja que residía en el piso de Algeciras alquilado por Óscar, también prestaron declaración. Ella negó ejercer la prostitución, aunque reconoció conocer a algunas de las víctimas, asegurando desconocer a qué se dedicaban. Julián, por su parte, afirmó que trabajaba en la construcción y explicó que la báscula hallada durante el registro domiciliario se utilizaba para pesar el oro de las baterías de teléfonos móviles y no para el pesaje de droga. La Fiscalía solicita para cada uno de los acusados más de 54 años de prisión. El Ministerio Público pide siete años de cárcel por cada uno de los siete delitos de trata de seres humanos con fines de explotación sexual cometido por cada uno de los acusados. A ello se suman un año de prisión por un delito continuado contra los derechos de los ciudadanos extranjeros y cuatro años y seis meses por tráfico de drogas, además de multa, inhabilitaciones y el comiso del dinero intervenido.