El interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por Groenlandia ha vuelto a poner el foco sobre la isla más grande del mundo. A pesar de que el 80% de su territorio es hielo y apenas cuenta con 60.000 habitantes, su valor estratégico y sus recursos naturales la han convertido en un objeto de deseo para Washington. Así lo ha explicado el investigador principal del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina, en 'Mediodía COPE', donde ha desgranado, junto a Pilar García de la Granja, las claves de una obsesión que combina geopolítica, recursos y la propia personalidad del magnate. Según Molina, la importancia de Groenlandia para Estados Unidos es triple. En primer lugar, su posición geográfica es fundamental para el control de las nuevas rutas comerciales que el deshielo está abriendo en el Ártico. Además, permite dominar una amplia zona del Atlántico conocida por los geoestrategas como GIUK, un acrónimo de Groenlandia, Islandia y Reino Unido (UK). "Esa zona, que en la Guerra Fría fue muy importante por el contacto entre la Unión Soviética y Estados Unidos, ahora lo es en el contexto de competición con potencias como Rusia, pero también con China", ha señalado el experto. Para Washington, "Dinamarca es un país demasiado pequeño para controlar ese espacio tan importante estratégicamente". El tercer factor clave, ha añadido Molina, es la enorme riqueza de la isla en tierras raras y minerales estratégicos, recursos clave en la industria tecnológica y de defensa global. A pesar de estas razones, Ignacio Molina ha aclarado que la insistencia de Trump no respondía a una necesidad imperiosa, ya que Dinamarca "es un aliado especialmente fiel dentro de la OTAN" que siempre se ha mostrado dispuesto a colaborar. De hecho, Copenhague vería con buenos ojos que Estados Unidos incremente su presencia militar en la isla, similar a las bases que ya tiene en España. Por tanto, "no hay nada que realmente pudiera estar justificado para la defensa occidental (...) que no se pueda conseguir sin necesidad de montar este lío", ha afirmado. La verdadera razón, según el investigador, hay que buscarla en la propia figura del expresidente. "Hay un elemento del propio Trump de querer, por primera vez en casi un siglo, expandir el territorio de Estados Unidos", ha explicado Molina. Este movimiento encaja en su ideología del "Make America Great Again", que no apela a la época de la Guerra Fría, sino al siglo XIX y la doctrina del "Destino Manifiesto", cuando el país ampliaba sus fronteras mediante compras o guerras. Molina ha detallado que la idea de "comprar" Groenlandia se planteó por dos vías. La primera, adquiriendo la soberanía directamente del reino de Dinamarca, una opción que el gobierno danés rechaza de plano. La segunda, y más factible en la estrategia de Trump, era "comprar las voluntades de los pocos pobladores de Groenlandia", aprovechando que la legislación danesa y el derecho internacional les otorgan el derecho a la autodeterminación. Esta estrategia no es nueva para Estados Unidos. El país tiene una larga tradición de compra de territorios, como la Luisiana a Francia, Florida a España o Alaska a Rusia. Curiosamente, la última gran adquisición estadounidense fue en 1917, cuando compró las Islas Vírgenes precisamente a Dinamarca. "Hay una gran tradición", ha recordado Molina. El plan de la administración Trump consistía en seducir a la población local. "Están pensando en esta idea de hacer una oferta que los groenlandeses no puedan resistir", ha comentado el experto, dado que son una población reducida y, según Washington, "relativamente comprables". El objetivo final sería promover un referéndum de independencia para que, una vez separados de Dinamarca, firmaran un acuerdo de libre asociación con Estados Unidos, similar al de Puerto Rico o ciertos estados insulares del Pacífico. En este escenario, Groenlandia sería teóricamente soberana, pero su seguridad, defensa, asuntos exteriores y, crucialmente, la explotación de sus recursos naturales quedarían bajo la soberanía de Estados Unidos. Sin embargo, el plan también contenía una amenaza velada. Según Molina, si la compra de voluntades fallaba, no se descartaba la ocupación militar, una maniobra "relativamente fácil" para Washington, que ya dispone de bases en el territorio y una capacidad militar ante la que "Dinamarca no está en condiciones de defender el territorio".