Las autoridades de Irán no olvidan la amenaza de Donald Trump de acudir en rescate de los manifestantes, tratan de rebajar la tensión en las calles y el presidente, Masoud Pezeshkian , ordenó a las fuerzas de seguridad no reprimir las protestas económicas y distinguir entre «manifestantes pacíficos» y «alborotadores». En un vídeo difundido por la agencia Mehr, el vicepresidente Mohammad Jafar Ghaempanah informó de la decisión del presidente y aclaró que «quienes portan armas de fuego, cuchillos y machetes y atacan comisarías y emplazamientos militares son alborotadores, y debemos distinguir a los manifestantes de los alborotadores». Organizaciones de derechos humanos como Hrana, con sede en Estados Unidos, elevan a 36 los muertos en los choques con las fuerzas de seguridad y a más de 2.000 los detenidos en las movilizaciones que se extienden por todo el país. Además del aviso de Trump, la operación de estadounidense en Venezuela ha servido para aumentar la sensación de que se puede repetir un ataque como el que lanzó Israel en junio con el objetivo de derrocar al régimen y las fuerzas armadas iraníes están en estado de alerta. Irán se enfrenta a la oleada de protestas más grave desde 2022, cuando las calles estallaron tras la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral. El bazar de Teherán explotó el 28 de diciembre debido a la caída del rial respecto al dólar y a la fuerte inflación y las movilizaciones no tardaron en combinar el hartazgo por la crisis económica con el malestar político con el régimen. Desde su llega a la presidencia hace 18 meses, Pezeshkian ha convertido la economía en su máxima prioridad y, además de los mensajes a sus fuerzas de seguridad, anunció un subsidio directo de cinco euros por ciudadano, una cantidad que poco o nada sirve para solucionar los problemas económicos de las familias y el pesimismo de los comerciantes. Los aumentos salariales anunciados para los funcionarios serán del 20 al 40 por ciento, cuando la inflación anual de alimentos y bebidas se sitúa en el 72 por ciento. El dirigente reformista anunció también una investigación sobre lo sucedido durante el fin de semana en el hospital de Ilam, al suroeste del país, donde medios de la oposición y organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron un brutal asalto policial para detener a los manifestantes heridos que estaban recibiendo atención médica. «Durante casi ocho años, la economía de Irán ha estado en un declive constante. La moneda colapsó, los ahorros perdieron más del 90 por ciento de su valor real y la clase media quedó diezmada. Esto no es un shock temporal. Es un declive prolongado que se gestiona tanto en los niveles de seguridad como políticos, pero no se revierte económicamente. Las sanciones aceleran la crisis, pero no la explican por sí solas. Mucho antes de las sanciones, Irán sufría de mala gestión y corrupción institucionalizada. Las sanciones agravaron estos problemas; no los crearon», recuerda el analista Ali Hashem, fundador del portal de información Aljadahmedia. Como ya ocurrió en 2022, el Kurdistán de Irán es una de las zonas donde se registran las protestas más importantes y los partidos kurdos llamaron a una jornada de huelga general. Tras lo sucedido en junio, Irán eleva la alerta ante los mensajes que llegan desde Estados Unidos e Israel, cuyos gobiernos han mostrado su apoyo a las movilizaciones. En verano, Benjamín Netanyahu decidió atacar por sorpresa a la república islámica en medio del diálogo nuclear con Washington y contó con el respaldo de Trump durante una guerra que duró 12 días. Los medios israelíes hacen un seguimiento diario de las protestas y la opinión general es que el volumen actual de movilizaciones no sugiere que un derrocamiento sea probable a corto plazo. También comparten que las tensiones internas de Teherán no se dirigirán contra Israel en forma de ataque preventivo. Trump rechazó recientemente una propuesta de su enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, de reanudar las negociaciones con Irán mediante la mediación de Arabia Saudí y Omán. El líder republicano optó por una estrategia agresiva de presión económica y militar, en la línea de la demanda de Netanyahu, para asfixiar al régimen. «La situación actual no es propicia para negociaciones con Estados Unidos», declaró el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi, quien recordó que Teherán nunca ha abandonado la mesa de negociaciones. En palabras del jefe de la diplomacia iraní «siempre estamos dispuestos a negociar sobre la base del respeto y los intereses mutuos, pero el gobierno de Estados Unidos no tiene ese enfoque en este momento». Las normas de juego cambian constantemente en la era de Trump y los iraníes saben que son uno de los objetivos en el punto de mira.