Enemigos en casa propia

El fino y vertical trazo a lápiz marcando un párrafo sobre el blanco margen de la página servía para destacar las reflexiones más interesantes del volumen. Hacia ahí se iban los ojos cada vez que pasaba hoja de la autobiografía de Castelar, un libro de amarillentas páginas editado a principios del siglo XX, regalo de un buen amigo, nieto del que fue su primer propietario, Manuel Lorenzo Pardo, que guardo como oro en paño y suelo releer de tanto en tanto.