Hablar de magnetismo, isótopos o nanomateriales puede sonar a ciencia ficción o a algo reservado para laboratorios inaccesibles. Esa ciencia que parece lejana se convierte en algo tangible cuando se traduce en aplicaciones concretas. Justo eso es lo que ocurre en el Instituto de Magnetismo Aplicado de Madrid, un centro de investigación ligado a la Universidad Complutense que transforma la ciencia más puntera en soluciones reales para la sociedad Jorge Alcalde, divulgador científico, lo resume con claridad: prácticamente cada momento de nuestro día tiene detrás alguna aplicación del magnetismo. Desde el timbre de una puerta o un despertador analógico hasta los teléfonos móviles, los elevalunas eléctricos, los limpiaparabrisas o el transporte ferroviario. A una escala mayor, el magnetismo permite avances en la investigación aeroespacial o en trenes de levitación magnética. A una escala diminuta, hace posible trabajar con nanopartículas capaces de interactuar con nuestras células. Y, por encima de todo, el gran campo magnético de la Tierra es el responsable de que la vida, tal y como la conocemos, exista. Pilar Marín Palacios, catedrática de la Universidad Complutense y directora del Instituto de Magnetismo Aplicado, explica que el centro nació en 1989 con una filosofía muy clara: unir el artículo científico y la patente. Es decir, investigar, pero también transferir ese conocimiento a la sociedad. El resultado es significativo: la mayoría de las tesis doctorales desarrolladas en el instituto han acabado en la industria, formando profesionales altamente valorados. Además, el centro realiza consultoría científica y ha generado varias patentes con aplicaciones reales. Uno de los campos más prometedores es la medicina. El instituto trabaja en proyectos relacionados con la lucha contra el cáncer, como el uso de hilos magnéticos que permiten localizar tumores con gran precisión durante una operación, reduciendo el daño y evitando, en muchos casos, cirugías más agresivas. También investigan nanopartículas magnéticas capaces de aumentar la temperatura de las células cancerosas para destruirlas, así como sensores que podrían detectar enfermedades a través del aliento antes de que aparezcan los síntomas. Hay que destacar la importancia de Groenlandia por sus reservas de neodimio, una tierra rara clave para fabricar los imanes más potentes del mundo. Este material es esencial en aerogeneradores, motores eléctricos y coches, y su control está en manos de muy pocos países. Esa concentración convierte al neodimio en un factor geoestratégico de primer orden. Por ello, uno de los grandes retos científicos actuales es desarrollar imanes que no dependan de este material.