El clásico de Cervantes se actualiza para desnudar las farsas de la sociedad contemporánea

El festival de teatro de Málaga arranca con una propuesta que recupera un clásico para analizar el presente. Este viernes y sábado a las 8 de la tarde, el Teatro Cervantes acoge el estreno de una nueva versión de “El retablo de las maravillas”, el conocido entremés de Miguel de Cervantes, que llega con un enfoque renovado y crítico sobre la sociedad actual. Ramón Fontseré, uno de sus responsables e intérpretes, explica que esta producción es una versión actualizada de una obra que la compañía ya representó en 2004. Aunque se mantiene la esencia del texto original, la pieza se expande para reflejar las imposturas del mundo moderno. La propuesta extiende la duración del entremés original de quince minutos a una hora y media, incorporando nuevos actos centrados en la cocina de vanguardia, el arte contemporáneo y la política unida con la religión. "Hemos mantenido el de los pícaros, el cervantino, pero además hay el de la cocina de vanguardia, el del arte y el de la política unido con la religión", detalla el actor sobre la estructura de la obra. La obra original de Cervantes presentaba a unos pícaros que aseguraban mostrar maravillas en su retablo, visibles solo para quienes no tuvieran sangre judía o fueran hijos de legítimo matrimonio. Esta premisa, inspirada en cuentos como el de Don Juan Manuel en "El conde Lucanor", obligaba a todos a fingir para no ser señalados, en una clara alusión a la hipocresía social que, según Ramón, sigue plenamente vigente. Para el equipo artístico, la modernidad de Cervantes es "absoluta" y su entremés, una obra "inmortal". La adaptación traslada la figura de los timadores del siglo XVII a la actualidad, donde, en palabras de Ramón, "se encuentran algunos de esos modernos timadores en muchos retablos". La obra se convierte así en una herramienta "catártica" que permite al público ver reflejado aquello que "por los complejos o por la pereza, no se atreve a decir". El actor defiende la función social del teatro como una forma de "higiene social para el espectador". Según explica, el objetivo es “hacer ver una realidad distinta de la realidad oficial” y provocar la reflexión sobre "cosas que quizá el espectador tiene como muy ciertas y muy dogmáticas, pero que quizás no lo son tanto". Esta tradición, subraya, es heredera de grandes nombres como Molière, Shakespeare o los cómicos de la Comedia del Arte. Ramón destaca el humor como elemento clave de la propuesta, definiéndolo como “el antídoto contra los fanatismos y los traumatismos”. La intención es que el público no solo disfrute de una representación divertida, sino que también extraiga sus propias conclusiones y "se saque alguna espinita". La representación de "El retablo de las maravillas" supone el pistoletazo de salida de la edición número 43 del Festival de Teatro de Málaga, consolidando la cita como un espacio para la reflexión y el entretenimiento a través de las artes escénicas.