El 25 de enero de 2006, la policía ingresó a un departamento del barrio de Wood Green, al norte de Londres, para desalojar a quien lo habitara por una deuda acumula de más de dos años. No encontraron a nadie vivo. Lo que estaba era la escena que en diciembre de 2003 había dejado Joyce Carol Vincent, quien yacía muerta sentada en el sillón. La historia de una muerta olvidada y de una mujer ignorada