Cuando una persona viaja hasta la provincia de Burgos para descubrir la desconocida comarca de Las Merindades , donde se alzaba la antigua central nuclear de Garoña , jamás se imagina que en un pueblo rural de apenas 700 habitantes como es Trespaderne pueda esconderse una monumental casa cuyos muros de piedra han resistido desde hace siglos el paso del tiempo. Y resulta tan acogedora como misteriosa por la historia que esconde. Se trata de El Priorato . Este hotel boutique cuenta con tres habitaciones dobles, dos suites y dos estudios completos (equipados con cocina, salón, baño y terraza). Todo ello se encuentra distribuido en tres plantas, cada una con un diseño propio que mezcla elementos históricos como bóvedas y arcos, con detalles arquitectónicos contemporáneos como lucernarios y techos de doble altura. El mobiliario también refleja esta misma filosofía: piezas sencillas elaboradas con materiales naturales y una pátina que transmite el paso del tiempo. Especial mención merecen el estudio independiente Solana , que se encuentra en la última planta, y el apartamento el Pajar , situado en la entrada de El Priorato. El primero, de 150 metros cuadrados, cuenta con un amplio salón-cocina, habitación, baño y terraza con vistas a las montañas. El apartamento es algo más pequeño pero cuenta también con cocina y salón. A pesar de las grandes dimensiones de ambas estancias, sólo poseen una cama doble. Del hotel sorprende, nada más entrar, su salón con cuatro ambientes y cocina . Aquí no existe la tradicional recepción, sino que te recibe Dora nada más llegar para explicarte todo con sumo detalle. Ella es también quien prepara el desayuno en el que nada falta: desde tostadas y tortillas, hasta dulces tradicionales de la zona, salados y fruta. La luz natural inunda la cocina y el salón, conectados directamente con el jardín de 1000 metros cuadrados , que cuenta con una piscina y rodea al edificio para evidenciar una de las bases sobre la que se sustenta este alojamiento: la conexión con la tierra. La naturaleza se entrelaza con la historia y la arquitectura en esta casona cuya imponente fachada de piedra del siglo XVI aún conserva el escudo del Monasterio de Oña, recordando su origen monástico. El jardín y la piscina preservan el carácter natural y silvestre que presentaba la ruina original. Se respetaron las terrazas de piedra, los pocos árboles frutales que aún sobrevivían del antiguo huerto y una vegetación que cambia de manera natural con el paso de las estaciones. Y es que El Priorato ha sido cuidadosamente restaurado, respetando los elementos arquitectónicos originales. La majestuosa escalera que se aprecia nada más entrar y los arcos de piedra, rescatados tras el incendio de 2011 que devastó gran parte del edificio, son el alma de la casa. Materiales como la piedra, la madera, el mortero de cal y el hormigón blanco se integran en los espacios, creando una atmósfera cálida y acogedora. El Priorato comenzó su historia como parte de la iglesia de San Millán , fundada en el año 1052 bajo la ordenanza del Reino de Navarra. A lo largo de los siglos, su destino estuvo ligado al poder de los monasterios circundantes, especialmente el Monasterio de San Salvador de Oña y el de Santa María La Real de Nájera (La Rioja). De hecho, fue como residencia del prior del Monasterio de Oña. En el siglo XVI, sobre los restos de la antigua iglesia, se erigió esta casona de piedra que sirvió como centro de recaudación de los tributos de la zona. Durante años, el cereal, el vino y el ganado se almacenaban en sus bajos, testigos de una vida monástica rica y activa. Sin embargo, con la desamortización de Mendizábal en 1821, El Priorato dejó de pertenecer al Monasterio de Oña y pasó a manos privadas. Desde entonces, su deterioro fue inevitable, acelerado por un incendio devastador en 2011 que arrasó su interior. Solo las sólidas paredes de piedra, los arcos y una escalera sobrevivieron, dejando al edificio completamente en ruinas. El Priorato está estrechamente vinculado a la vida y la historia de la familia Atienza. Tras años de abandono, Juan Atienza , padre de la familia, asumió el proyecto motivado por su fuerte vínculo con Trespaderne, su pueblo natal y escenario de tantos reencuentros familiares. Decidido a salvar el edificio más emblemático del pueblo, su perseverancia junto a lo que Juan describe como un 'ataque de romanticismo' permitió la recuperación de un lugar que parecía perdido. En 2017, comenzó la restauración de la casona con el objetivo de rescatarla del abandono y transformarla en un hotel rural . Hoy, El Priorato es un acogedor refugio abierto a visitantes, donde es posible disfrutar del entorno natural de Las Merindades en cualquier época del año, manteniendo viva el alma y la historia de este emblemático edificio.