Sí, pero Nicolás Maquiavelo, el que escribió El Príncipe hace más de quinientos años y que, aun así, su sombra sigue proyectándose sobre la política contemporánea. No porque sus tesis sean nuevas, sino porque algunos dirigentes parecen recurrir a ellas como si se tratara de un manual de urgencia, lectura rápida, subrayado selectivo y conclusiones cómodas. Se rescatan la fuerza, la astucia, el miedo como herramienta y la eficacia como argumento. El resto, el contexto, la advertencia implícita, la responsabilidad que subyace al ejercicio del poder, suele quedar relegado a un segundo plano.