La crisis venezolana ha servido para algo más que para volver a hablar de una dictadura. Ha servido para desnudar un método político. Y pocas veces ese método ha quedado tan expuesto como ahora en la reacción de Isabel Díaz Ayuso. Ante un hecho de enorme complejidad -la caída de Maduro, la intervención de Estados Unidos, las dudas sobre la legalidad internacional, el futuro de una sociedad devastada- Ayuso no ha hecho política: ha hecho campaña. No ha hablado de Venezuela; ha hablado de Pedro Sánchez usando Venezuela. Y esa diferencia lo explica todo. Cuando la Unión Europea expresa serias dudas sobre la legalidad de la intervención y cuando la ONU recuerda la necesidad de respetar el derecho internacional, Ayuso no entra al fondo del asunto. No discute normas, ni consecuencias, ni escenarios. Traduce todo a su marco favorito: comunismo o libertad. Y con esa consigna cree haber pensado. Pero esto de pensar no parece que sea su fuerte. Este es el primer rasgo del infantilismo político: reducir lo complejo a buenos y malos. Conmigo o contra mí. Y, casualmente, siempre el mismo enemigo: Pedro Sánchez. El primer rasgo del infantilismo político es reducir lo complejo a buenos y malos La coartada es perfecta: todo se convierte en otra prueba contra Sánchez. Así se evita el debate real. Porque debatir de verdad implicaría algo incómodo: hablar de reglas, de límites, de transiciones democráticas, de riesgos geopolíticos, de la vida concreta de los venezolanos. Mucho más fácil es gritar. El espejo incómodo: FAES, la política adulta y las personas como decorado Lo más revelador llega cuando su propia familia ideológica le pone un espejo delante. FAES, la fundación vinculada al Partido Popular y presidida por José María Aznar, celebra la caída de Maduro, pero advierte con claridad: así no. Habla de torpezas, alerta del riesgo de convertir a Venezuela en una colonia tutelada y critica el método de Donald Trump, más preocupado por sus intereses que por el bienestar de los venezolanos. FAES hace política adulta: piensa en consecuencias. Ayuso no. Ayuso sigue en el patio del colegio, repartiendo etiquetas. Cuando hasta FAES te pide prudencia y tú respondes con consignas, el problema ya no es ideológico: es de nivel. Aquí aparece el núcleo moral del asunto. Ayuso habla mucho de libertad, de hispanidad, de los venezolanos. Pero no habla de su futuro. No exige garantías democráticas reales. No reclama condiciones materiales para que la gente pueda votar libremente. No plantea cómo evitar que Venezuela pase de una dominación a otra. Porque, en el fondo, los venezolanos le importan poco. Son decorado emocional para su batalla doméstica. Ese es el segundo rasgo del infantilismo político: instrumentalizar a la gente. Convertir el sufrimiento real en munición retórica. Personas como atrezo. Vidas como argumento. El segundo rasgo del infantilismo político es instrumentalizar a la gente Ayuso y el personaje prefabricado Nada de esto es improvisado. El personaje Ayuso no surge por generación espontánea. Es el resultado de una fabricación comunicativa consciente, diseñada para...