La freiduría de Málaga que tiene su propia pescadería en el local: pescaíto frito fresco por solo 6 euros

En Málaga , una freiduría de barrio se ha ganado a pulso la fama de servir pescaíto frito fresco al mejor precio, con un detalle que marca la diferencia: tiene su propia pescadería dentro del local. Hablamos de Freiduría Ramonchi , en el barrio de La Luz. Aquí, antes de sentarte a comer, puedes ver el género en crudo: vitrinas llenas de pescado y marisco fresco que llega a diario desde los puertos cercanos. Nada de congelados ni atajos. Lo que ves, es lo que se fríe. La fórmula es tan sencilla como efectiva: pescado recién traído, limpieza y fritura al momento. Esa cercanía entre pescadería y cocina se nota en el resultado final. Boquerones, calamares, rosada o jibia salen crujientes, ligeros y con ese sabor limpio que solo da el producto fresco bien tratado. Aquí el pescaíto no se disfraza: harina justa, aceite limpio y punto exacto. El resultado son raciones generosas que empiezan alrededor de los 6 euros, un precio difícil de encontrar hoy en la capital. La carta es amplia y muy reconocible para cualquier amante del pescaíto frito malagueño. Entre lo más pedido están los boquerones, los calamaritos, la jibia, el pulpo frito o la rosada , a los que se suman clásicos como tortilla de camarones, mejillón tigre o buchones de rosada. También hay opciones fuera de la freidora, como rosada a la plancha, marisco según mercado o entrantes muy populares como las berenjenas con miel o las croquetas, que completan una comida redonda sin disparar la cuenta. Ese es otro de sus grandes reclamos. Con raciones que se mueven entre los 6 y los 10 euros, el ticket medio ronda los 15-20 euros por persona, comiendo bien y con variedad. Un lujo popular que explica por qué siempre hay ambiente y clientela fiel. Freiduría Ramonchi no juega a ser moderna ni lo necesita. Es uno de esos sitios que funcionan porque hacen bien lo de siempre: pescaíto fresco, precios honestos y sabor auténtico. Y cuando además puedes elegir el pescado casi como si estuvieras en una plaza de abastos, la experiencia se redondea. Uno de esos bares que se recomiendan con una frase muy clara: «ve y pide pescaíto, no falla».