Groenlandia ha sido históricamente un territorio muy deseado. Ya sea por sus recursos naturales o por su situación estratégica, siempre ha acaparado las miradas de las grandes potencias y se ha consolidado como una codiciada pieza a nivel geopolítico. Ahora, Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, ha vuelto a dejar claro que quiere hacerse con ella, ya sea comprándola o valiéndose de otros medios . La isla más grande del mundo es un basto territorio, con una superficie de más de 2 millones de kilómetros cuadrados. A eso hay que añadirle una pequeña población que apenas supera los 57.000 habitantes . Es decir, está prácticamente deshabitada, pero eso no ha sido un impedimento para que Trump haya exigido su anexión a Estados Unidos. Aunque Donald Trump es un hombre que no da su brazo a torcer, no le será tan sencillo controlar a Groenlandia. Dinamarca tiene la soberanía del territorio y EE.UU. tendrá que llegar a un acuerdo con ellos y los habitantes de Groenlandia para que llegue a ser suya. Groenlandia es actualmente un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. La relación entre los dos territorios se remonta a hace varios siglos. Aunque la isla más grande del mundo ya había tenido relación con los reinos nórdicos desde el siglo X, no fue hasta 1721 con el misionero Hans Egede cuando pasa a ser territorio danés gracias a los asentamientos de los colonos que se establecieron allí. A partir de ese momento se estrecharon los lazos entre Groenlandia y Dinamarca, aunque no fue hasta finales del XIX y principios del XX cuando se potenció la presencia danesa en esas tierras. El fervor por la conquista de nuevos territorios y el auge de las exploraciones hizo que Groenlandia se convirtiese en un territorio señalado para llevar a cabo expediciones. Esto hizo que los primeros asentamientos daneses fijos llegarán alrededor de 1909. Es más, en 1917, Estados Unidos llegó a reconocer la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia. Esto sucedió cuando EE.UU. se hizo con las Islas Vírgenes, que también pertenecían a los daneses, a la vez que tantearon su compra. Fue en 1953, después de la Segunda Guera Mundial, cuando quedó oficialmente incorporada a la Corona danesa tras firmarse la Constitución del país después de haber sido considerada colonia durante muchos años. Ya en 1979 la isla, a través de la Ley de Autonomía , se pondría fin a los conflictos entre Groenlandia y Dinamarca al otorgar a sus habitantes un poder legislativo propio para tratar la mayoría de asuntos, aunque seguiría respaldado por Copenhague. En 2009 se realizó un referéndum en el que se aumentaron esos poderes legislativos. El gobierno danés le transfirió la mayor parte de las competencias al groenlandés, excepto las de asuntos exteriores, seguridad y políticas financieras. Esta no es la primera vez que Donald Trump o Estados Unidos intentan hacerse con Groenlandia. La idea ya estuvo sobre la mesa en el siglo XIX, cuando meditó su compra a la vez que se hizo con territorios como Florida (España), Luisiana (Francia) o Alaska (Rusia) , pero la operación no llegó a materializarse. A comienzos del siglo XIX, Estados Unidos tanteó la opción cuando compró en 1917 las Islas Vírgenes a Dinamarca. Washington trató de llegar a un acuerdo, aunque no terminó de cristalizarse el trato, a pesar de que ofreció otros territorios a cambio. Años más tarde, Estados Unidos trasladó una oferta a través del entonces secretario de Estado, James Byrnes. Ofrecieron 100 millones de dólares en lingotes de oro . El trato tampoco prosperó en aquel entonces. Aunque la idea siempre estuvo presente, no fue hasta la llegada del primer mandado de Trump en 2019 cuando volvió a salir el tema. En aquel momento llegó a comprar la compra con «una gran operación inmobiliaria» . Ahora, está por ver cuál será el destino final.