La llamada de auxilio de los vecinos de Matalascañas tras la borrasca Francis: "Es cuestión de tiempo que nuestras casas colapsen"

Fran ha pintado las tres letras de socorro en la fachada de su casa. SOS. En rojo. Y grande. "Es para ver si se entera el gobierno central que necesitamos ayuda urgente". El paso de la borrasca Francis ha dejado una estampa desoladora en el paseo marítimo de Matalascañas. Los efectos del temporal han sido de tal magnitud que la Unidad Militar de Emergencias (UME) se ha desplazado a la zona, a petición del Ayuntamiento de Almonte, para evaluar los daños. En este contexto de destrucción, el grito de auxilio de vecinos como Fran Sánchez se hace más visible. Sobre la fachada de su casa ha pintado unas grandes letras con el mensaje 'SOS', un símbolo rotundo del peligro inminente al que se enfrentan. En declaraciones a COPE Andalucía, describe una circunstancia crítica en la que más de 50 inmuebles y el patrimonio de miles de personas están en riesgo. Fran Sánchez ha explicado la vulnerabilidad técnica de la zona: "todo el pueblo andaluz está construido sobre una duna de arena". El crucial muro de contención está actualmente roto, lo que permite que el oleaje embista directamente contra la arena. "Es cuestión de tiempo de que eso vaya lavando, igual que ha colapsado todo el paseo marítimo, colapsen las casas". Esta erosión amenaza la estabilidad de numerosas viviendas, poniendo en jaque los ahorros de una vida de muchas familias que ven cómo sus propiedades peligran. La situación es especialmente crítica para un grupo concreto de inmuebles. Hay "25 casas en máximo riesgo", entre las que se encuentra la de Fran. Las autoridades son conscientes del peligro. La policía ha advertido a los vecinos de que no pueden permanecer en las viviendas, definiéndola como una zona de riesgo. "Si te ve la policía te dice que tienes que evacuar y que te tienes que desalojar", detalla. A pesar de las advertencias, muchos vecinos se han acercado a sus viviendas para intentar sacar enseres antes de un posible derrumbe. La respuesta local se ve limitada por la falta de medios. Reconoce el esfuerzo tanto de la Junta de Andalucía como del Ayuntamiento de Almonte, pero subraya que es "un ayuntamiento pequeño con unos recursos y una financiación pequeña para la catástrofe que ha sacudido a todo Doñana". El alcalde de Almonte, Francisco Bella, ha llegado a calcular en torno a los nueve millones de euros la restauración de lo que ha desaparecido. Por ello, los afectados esperan "urgentemente por parte del Gobierno que declaren zona catastrófica". Dicha declaración permitiría desbloquear los recursos necesarios para afrontar el desastre con garantías. Y sabe que "no es lo mismo que estén 3 camiones y 2 grúas a que estén 7 camiones y 4 grúas". Aunque se está trabajando sobre el terreno, lo describe como algo "muy limitadamente con los recursos que tenemos. Una respuesta ágil del Gobierno central no solo aceleraría los trabajos, sino que daría "más seguridad de que esas casas no se caigan". El bloqueo administrativo es uno de los mayores focos de frustración para los damnificados. Fran Sánchez explica que la Junta de Andalucía les ha transmitido que tienen recursos tanto financieros como de maquinaria disponibles. Sin embargo, no pueden desplegarlos. "Nos han dicho que no pueden ponerlos a disposición porque están esperando un ok del gobierno", lamenta. Esta parálisis burocrática está retrasando una respuesta que los vecinos consideran vital. "Para nosotros ahora mismo lo más importante es que llegue ese ok, cuanto antes mejor". Más allá de la emergencia inmediata, los expertos señalan un problema de mayor calado. El catedrático de Geología de la Universidad de Huelva, Juan Antonio Morales, ha analizado la situación en el programa "Herrera en Cope", donde ha expuesto las causas de fondo del problema. Y nos ha contado que la propia ubicación de las edificaciones, sobre un sistema de dunas inestable, es la raíz de este problema. Aunque la mayoría de los inmuebles afectados son casas vacacionales, el desastre impacta también en la vida de residentes permanentes. Sánchez menciona que "hay como siete vecinos que ya están jubilados y están viviendo allí", si bien afortunadamente no en primera línea de la destrucción. La emergencia ha obligado a muchos propietarios a acudir a sus segundas residencias para salvar lo que pueden, enfrentándose a la dolorosa realidad de que sus propiedades, muchas de ellas fruto del trabajo de toda una vida, podrían desaparecer bajo la fuerza del mar. La imagen del SOS en la fachada es el testigo mudo de su desesperación.