Gran depredador - El estudio muestra que estos animales alcanzaron grandes dimensiones y un cuerpo muy eficiente millones de años antes de lo que se pensaba, lo que obliga a ajustar la línea temporal de la vida en los mares antiguos El miedo a las criaturas del mar forma parte de la imaginación humana desde tiempos remotos. Los tiburones , en especial, han concentrado ese temor por su fuerza, su velocidad y la imagen de depredadores implacables que les ha acompañado en la cultura popular. El cine, los documentales y los relatos de marinos han alimentado una mitología que los muestra como máquinas perfectas de caza . Sin embargo, más allá de los grandes blancos o los martillo que dominan los océanos actuales, existen otros ejemplos que amplían esa escala de poder. El tiburón ballena, aunque inofensivo para el ser humano, alcanza longitudes de hasta 12 metros y evidencia el rango de tamaño que la evolución ha permitido dentro de su linaje. El tiburón tigre, por su parte, muestra un comportamiento cazador extremadamente versátil, capaz de devorar desde tortugas hasta aves marinas. En este contexto, los tiburones prehistóricos representan el extremo más asombroso de esa familia de depredadores. Con ello, el estudio reciente de un fósil hallado en Australia aporta una perspectiva única sobre los orígenes de esos gigantes del mar. Un fósil hallado en el norte de Australia ha revelado un tiburón gigante mucho más antiguo Un nuevo estudio identificó en Australia las vértebras fósiles de un tiburón gigante de 115 millones de años , perteneciente al linaje extinto de los Cardabiodontidae . El hallazgo se basó en cinco vértebras descubiertas hace décadas en la costa de Darwin y conservadas en una colección científica. Los investigadores, mediante escáneres de alta precisión y modelos de crecimiento comparativo, comprobaron que pertenecían a un ejemplar de hasta 8 metros de largo . Ese tamaño lo sitúa entre los depredadores más grandes de su tiempo, anterior en 15 millones de años a los primeros tiburones de gran cuerpo conocidos. El equipo utilizó modelos morfométricos aplicados a más de diez especies de tiburones lamniformes vivos, entre ellos el tiburón blanco y el zorro marino. Estas comparaciones permitieron establecer una relación fiable entre el diámetro de las vértebras y la longitud corporal total . Los resultados indicaron un animal de más de 3.300 kilogramos, cuya estructura corporal ya presentaba el perfil hidrodinámico característico de los tiburones modernos. Este enfoque metodológico demostró la utilidad de revisar materiales fósiles con tecnología actual para redefinir etapas evolutivas poco conocidas. El hallazgo adelanta la aparición temprana de grandes depredadores marinos Los análisis confirmaron que el ejemplar pertenecía a la familia Cardabiodontidae , un grupo extinto de lamniformes emparentado con los antepasados del tiburón blanco. La identificación resultó fundamental para fechar la aparición temprana del gigantismo en estos depredadores. Además, reveló que la adaptación al papel de cazador dominante se produjo mucho antes de lo que indicaban los registros previos. Las implicaciones del hallazgo van más allá del registro fósil. Este descubrimiento adelanta en 15 millones de años el inicio del gigantismo entre los tiburones modernos y sugiere que la morfología corporal de los actuales ya estaba completamente desarrollada en el Cretácico inferior. De ese modo, el estudio modifica la cronología de la evolución marina y aporta una referencia para entender cómo se consolidaron los ecosistemas oceánicos dominados por grandes predadores. Durante el Cretácico inferior, la región norte de Australia estaba cubierta por un mar cálido y somero que formaba parte del antiguo océano de Tethys . En esas aguas habitaban reptiles marinos de gran tamaño y peces óseos que compartían el espacio con los primeros tiburones gigantes. La coexistencia de especies tan voluminosas revela una cadena trófica compleja y un ecosistema capaz de mantener varios depredadores de alto nivel . La investigación sugiere que, incluso en aquella época, los tiburones ya habían alcanzado una posición dominante en los océanos.