Enero es, por excelencia, el mes de los propósitos de año nuevo. Con el cambio de ciclo, muchas personas se plantean mejoras y nuevos objetivos, aunque no siempre son tan alcanzables como parecen. Para analizar cómo gestionar emocionalmente estos inicios y evitar que las metas acaben abandonadas, la psicóloga Pepa López, de 'La Pecera de Pepa', ha ofrecido una serie de claves en el programa 'Herrera en Cope Más Sevilla'. Según ha explicado la experta, tanto septiembre como enero son dos fechas en las que a las personas "nos gusta pararnos y reflexionar sobre nuevos cambios en nuestra vida". En concreto, enero es una fecha clave para plantear nuevos propósitos porque se percibe como "una página en blanco" o "una nueva oportunidad para hacer las cosas un poco mejor", una sensación que impulsa a buscar cambios significativos. A diferencia de septiembre, un mes más centrado en la "vuelta a la rutina" y las obligaciones, los propósitos de enero tienden a ser de naturaleza más profunda. "En enero es una buena época para reflexionar sobre las cosas que el año anterior nos hizo daño o nos hizo felices", señala López. Esto hace que los objetivos sean "un poco más emocionales", como ser más feliz, ahorrar o viajar más, junto a otros clásicos como perder peso o ir al gimnasio. Esta carga emocional, sin embargo, es un arma de doble filo. Según la psicóloga, "cuesta un poquito más mantenerlo, porque se exige de más planificación". Mientras que septiembre está marcado por la vuelta a un sistema ya establecido, enero invita a una reflexión más profunda sobre cambios vitales que requieren una mayor organización para no fracasar. Para que los buenos propósitos no se abandonen a las pocas semanas, el principal consejo de Pepa López es transformar las metas generales en acciones específicas. La experta recomienda que "esas metas grandes se especifiquen y se concreten como en tareas más sencillas y mucho más concretas y mucho más específicas". Por ejemplo, si el objetivo es 'hacer más deporte', un primer paso más realista y asumible podría ser "pasear 30 minutos 3 veces a la semana". Una vez que este hábito se ha consolidado, se puede ir aumentando la intensidad de forma progresiva, como ir al gimnasio dos veces por semana y luego tres. Este método, según López, permite una adaptación más equilibrada al nuevo estilo de vida sin empezar "muy fuerte" y acabar agotado. Para objetivos más complejos, como 'viajar más', la psicóloga aconseja elaborar una "hoja de ruta", es decir, dedicar un fin de semana a organizar, marcar fechas en el calendario, elegir destinos y empezar a planificar las actividades. Se trata de dar pasos tangibles que conviertan una idea abstracta en un plan real y ejecutable. Finalmente, López subraya la importancia de la paciencia y la autocompasión. Recomienda "registrar los cambios" para hacer reajustes si algo falla y, sobre todo, "celebrar esas victorias" a medida que se consiguen. "No debemos de abandonarlo en el primer tropiezo que tengamos", afirma, recordando que cualquier meta necesita "mucho tiempo como de mucha paciencia" para materializarse.