A lo largo del pasado 2025, la Iglesia Católica celebró un año jubilar que fue convocado e inaugurado por el Papa Francisco el 24 de diciembre de 2024 y que concluyó el pasado 6 de enero con el cierre de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro del Vaticano por el Papa León XIV. La convocatoria del Jubileo se oficializó a través de la Bula 'Spes non confundit' ('La esperanza no defrauda') y está centrado en la esperanza, la paz y la reconciliación. Con este motivo, durante el presente año millones de fieles han acudido a Roma para celebrar este año santo jubilar. El Jubileo del Mundo Educativo se desarrolló en Roma del 27 de octubre al 2 de noviembre, reuniendo a educadores, estudiantes y formadores educativos con el objetivo de reflexionar sobre el papel de la educación, reafirmar su valor y renovar el compromiso con un futuro de esperanza, paz y fraternidad. El 31 de octubre el Papa tuvo un encuentro en la plaza de San Pedro con miles de educadores. Al inicio del acto, el Papa recordó a los educadores la importancia de su tarea al afirmar: «Gracias a la luminosa constelación de carismas, metodologías, pedagogías y experiencias que representan y, gracias a su compromiso, ustedes garantizan a millones de jóvenes una formación adecuada, manteniendo siempre en el centro, en la transmisión del saber humanístico y científico, el bien de la persona». Seguidamente, el Papa señaló cuatro aspectos que considera fundamentales para la educación: la interioridad, la unidad, el amor y la alegría. Respecto a la interioridad, afirmó que es un error pensar que para enseñar son suficientes palabras bonitas o aulas escolares, laboratorios y bibliotecas en buen estado. La verdad no circula a través de sonidos, muros y pasillos, sino en el encuentro profundo entre las personas, sin el cual cualquier propuesta educativa está destinada al fracaso. En un mundo dominado por pantallas y filtros tecnológicos, a menudo superficiales, los estudiantes necesitan ayuda para entrar en contacto con su propia interioridad. No solo los estudiantes, también los educadores, con frecuencia cansados y sobrecargados de tareas burocráticas, corren el riesgo real de olvidar la recomendación de san Agustín: «No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo». El segundo término fue unidad. El Papa comenzó recordando el lema que eligió al ser elegido: «In Illo uno unum» y animó a los educadores a «salir de sí mismos» para mejorar y crecer. Igualmente, señaló que en los procesos educativos compartir el saber no puede tomar otra forma que la de un gran acto de amor. El tercer aspecto analizado fue el amor. En este punto, sugirió a los docentes preguntarse por el compromiso personal para captar las necesidades más urgentes de sus estudiantes, el esfuerzo que realizan para construir puentes de diálogo y de paz, superando prejuicios o visiones limitadas; la apertura a procesos de coaprendizaje y el empeño puesto en responder a las necesidades de los más frágiles, pobres y excluidos. Todo un reto para los que nos dedicamos a la enseñanza, que debería hacernos reflexionar sobre el papel social y cultural que tenemos, en la transmisión del saber y en la preparación de nuestros jóvenes para afrontar el futuro. La cuarta y última palabra fue alegría. León XIV subrayó que los verdaderos maestros educan con una sonrisa, y trabajan para provocar sonrisas en sus discípulos. En nuestra tarea educativa palpamos –en todas las edades– los síntomas de una fragilidad interior generalizada. Por ello, no podemos cerrar los ojos ante reclamos silenciosos de auxilio; al contrario, debemos esforzarnos por identificar sus causas profundas. La inteligencia artificial con su conocimiento técnico, frío y estandarizado puede aislar aún más a estudiantes ya aislados, haciéndoles creer que no necesitan a los demás o que no son dignos de ellos. El papel de los educadores es un compromiso humano y la alegría misma del proceso educativo es plenamente humana. Tres días antes del señalado encuentro con los docentes, con motivo del sesenta aniversario de la declaración conciliar 'Gravissimum educationis', sobre la importancia de la educación en la vida del ser humano, el Papa publicó la carta apostólica 'Diseñar nuevos mapas de esperanza'. En este nuevo documento, León XIV afirma que vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Por este motivo, los proyectos educativos deben construir puentes y no levantar muros ; y con creatividad facilitar nuevas posibilidades para la transmisión del conocimiento. La carta señala que el fundamento de toda labor educativa debe ser siempre la persona. Por ello, educar es un acto de esperanza y una pasión que se renueva porque manifiesta la promesa que vemos en el futuro de la humanidad. Siguiendo el pensamiento del cardenal Newman, la educación no debe medirse bajo un enfoque mercantilista, en términos de funcionalidad y utilidad práctica. La centralidad de la persona supone descubrir el sentido de la vida, la dignidad inalienable, la responsabilidad hacia los demás. Los educadores están llamados a una responsabilidad que va más allá del contrato de trabajo: su testimonio vale tanto como su lección. La familia sigue siendo el primer lugar educativo. Las escuelas católicas colaboran con los padres, no los sustituyen. El Papa resalta que las diferencias metodológicas y la pluralidad de carismas, si se coordinan bien, componen un cuadro coherente y fecundo. El futuro nos obliga a respetar la diversidad, colaborando unos con otros y creciendo juntos. Respecto a los avances tecnológicos el Papa afirma que nuestra actitud hacia la tecnología nunca puede ser hostil, pero ningún algoritmo podrá sustituir lo que hace humana a la educación: la poesía, la ironía, el amor, el arte, la imaginación, la alegría del descubrimiento e incluso la educación en el error como oportunidad de crecimiento. El punto clave no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella. La inteligencia artificial y los entornos digitales deben orientarse a la protección de la dignidad, la justicia y el trabajo. Finaliza el Papa la carta apostólica recordando a los educadores que la educación no avanza con la polémica, sino con la mansedumbre del que escucha. La relación está antes que la opinión, la persona antes que el programa. La publicación de la citada carta apostólica y el encuentro del Papa con los docentes muestra la falsedad de los que propagan que la Iglesia anda tan preocupada por la otra vida que se desentiende de ésta. El mensaje del Papa a los docentes nos transmite un reto positivo e ilusionante a los profesores, al formar con paciencia e ilusión a nuestros estudiantes, estamos construyendo un futuro mejor. Gracias, Santo Padre.