Alemania se prepara para la llegada este viernes de una devastadora borrasca bautizada ese país como ‘Elli’ -'Goretti', en España- calificada de ‘extrema’, con serias dudas sobre la solidez de sus infraestructuras energéticas. El reciente apagón que dejó a 45.000 hogares de Berlín a oscuras, en muchos casos durante cinco gélidos días, hace que esas dudas no sean algo abstracto. La autoría del presunto sabotaje se la ha atribuido un grupúsculo de extrema izquierda llamado ‘Vulkangruppe’. Pero las sospechas de muchos ciudadanos se reparten entre la reconocida ‘dejadez’ berlinesa en lo que respecta al mantenimiento de servicios esenciales y una frágil pista rusa, que ha sido desmentida por las autoridades alemanas, pero que se nutre del miedo colectivo a los ciberataques relacionados con la guerra híbrida lanzada por Moscú sobre Europa.