Un montón de barracones de lámina y madera se descuelgan por un precipicio. Se trata de Venezuela, pero no del país, sino una afavelada barriada a las afueras de la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta, bautizada así porque la formaron decenas de familias venezolanas que en los últimos años escaparon de la miseria y la persecución. "Mi hija tiene asma, porque recién nacida la tenía que sacar de madrugada con el frío para hacer la fila a comprar cosas", recuerda Ciliana Suárez con los ojos empañados. Se alimentaba durante semanas de zumos para dejarles a sus hijos algo de comer, como papaya guisada, "para que tuviesen un poco caliente el estómago".