En este panorama evolutivo, Quintero subraya cómo la pandemia generó un diálogo abierto sobre el tema, elevando la calidad de los servicios pese a la creciente saturación. La entrevista resalta la transición hacia enfoques personalizados, donde la neuroestimulación y la genética prometen revolucionar el manejo de trastornos como la depresión resistente, siempre bajo supervisión experta para evitar riesgos. La crisis sanitaria global fue el catalizador que sacó el bienestar emocional de la sombra. Según explica Javier Quintero, psiquiatra y jefe de Servicio del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, la clave hoy no es solo la visibilidad, sino la gestión de la ayuda. Pilar García Muñiz cuestiona si esta mayor atención mediática se traduce en una mejor asistencia real. El experto confirma que la calidad técnica de los sistemas mejora, aunque matiza que la sobrecarga actual genera desafíos logísticos sin precedentes debido al alto volumen de personas que buscan apoyo profesional. Uno de los grandes retos científicos es abandonar los enfoques uniformes. Quintero admite con honestidad que la medicina "a medida" es todavía una meta cercana pero no consolidada. Sin embargo, los avances en la comprensión de los trastornos están abriendo una ventana de oportunidad para ajustar las terapias a la biología de cada individuo. El estrés y el burnout ya no son solo problemas de salud, sino amenazas estratégicas para el tejido empresarial. Quintero señala estadísticas inquietantes sobre las bajas laborales y urge a las corporaciones a no mirar hacia otro lado, ya que la salud del empleado impacta directamente en la productividad y la gestión de calidad. La presentadora coincide en que va más allá del cuidado humano: se trata de medir horas perdidas y calidad del trabajo. "Nos olvidamos del cuidado del empleado, que también sería muy importante", añade el psiquiatra, marcando este como un reto prioritario para 2026. A pesar de la evolución del sector, persisten deficiencias en áreas sensibles. El psiquiatra recuerda que España tardó en reconocer la especialidad de psiquiatría infantil, lo que dejó a los más jóvenes en una situación de vulnerabilidad durante años. La influencia de las plataformas digitales y la falta de equidad en el acceso siguen siendo las grandes asignaturas pendientes. La innovación farmacológica llega de la mano de sustancias como la esketamina o la psilocibina (esta última ya aprobada en Australia para estrés postraumático). Quintero es tajante: no se debe confundir el uso recreativo con el clínico, donde dosis mínimas y controladas logran resultados donde los fármacos tradicionales fallan. Paralelamente, la neuroestimulación magnética transcraneal se consolida como una alternativa eficaz y no invasiva para la depresión resistente. "Está ayudando a pacientes con trastorno de estrés postraumático, en dosis pequeñas y adecuadamente utilizadas", detalla. García Muñiz enfatiza la necesidad de supervisión: "Esto tiene que estar completamente regulado por un especialista". Otra frontera es la estimulación cerebral. "Somos capaces de generar plasticidad en regiones específicas con estimulación magnética transcraneal", describe Quintero. Eficaz para depresión resistente, ya se usa en centros privados en España y podría integrarse al sistema público pronto. "La FDA lo ha puesto a disposición, y en breve lo incorporaremos en la cartera de servicios", predice, destacando cómo el cerebro, contrario a creencias pasadas, mantiene su adaptabilidad a lo largo de la vida. Para el Dr. Quintero, la Inteligencia Artificial es la herramienta más prometedora de 2026, capaz de segmentar pacientes, priorizar urgencias y analizar el código genético para predecir respuestas terapéuticas. No obstante, ante el aviso de García Muñiz sobre jóvenes que usan chatbots como consuelo emocional, el experto es rotundo: la tecnología debe ser un puente, no un sustituto del médico. Combinando datos genéticos con IA, se acerca la era de intervenciones personalizadas. Quintero explica que esta combinación les ayudará a correlacionar pequeñas modificaciones genéticas con síntomas clínicos, al comparar el genoma con un libro enorme en el que un cambio mínimo lo altera todo. Para cerrar, opta por la IA como avance y afirma que, con sus precauciones, la IA correctamente utilizada puede marcar un antes y un después. García Muñiz concluye con optimismo que 2026 empieza con más herramientas, más conocimiento y ojalá con mayor cuidado.