Cuando se habla de Israel como potencia tecnológica, el imaginario colectivo suele detenerse en la ciberseguridad, en las aplicaciones militares y armamento sofisticado. Sin embargo, hay un ámbito menos visible y quizá más revelador de su modelo productivo: la tecnología médica y la biotecnología. En un país de apenas diez millones de habitantes y con escasos recursos naturales, la salud se ha convertido en uno de los vectores más sólidos de proyección internacional.