Malia, investigación y cerámica desde un pueblo de 300 habitantes de Teruel: "Si tenía que volver, iba a ser aquí"

En la localidad de Oliete, en Teruel, vive y trabaja Malia, una ceramista e investigadora que ha convertido el barro en su máxima expresión artística. Su proyecto, plasmado en su página web MaliaCeramica.com, es un ejemplo de emprendimiento y vida en el medio rural, uniendo la tradición familiar con una visión creativa y contemporánea que ha captado el interés del mundo del arte. La historia de Malia está profundamente ligada a la arcilla. Proviene de una familia que lleva más de 70 años dedicada a la extracción de arcillas en la provincia de Teruel. Aunque su formación es artística, hace más de una década la empresa familiar le propuso unirse desde un punto de vista más técnico, un reto que aceptó con la mente abierta. "Era algo que en un principio, pues, quizá no encajaba mucho con mi perfil, pero creo que hay que abrirse a todas aquellas cosas que te pueden venir en la vida y aprovecharlas", ha explicado Malia. Durante más de diez años, ha trabajado en el laboratorio familiar, analizando las arcillas a nivel físico y químico. Este profundo conocimiento técnico, enfocado a la industria, es el que ahora traslada a su faceta artística, artesanal y creativa. Malia ha logrado tender un puente entre dos mundos aparentemente opuestos, investigando y descubriendo las nuevas posibilidades del material desde una perspectiva completamente nueva y personal, lejos de la producción en serie. Sus inicios en la cerámica estuvieron marcados por piezas más utilitarias y el aprendizaje del torno, pero pronto descubrió que la repetición no encajaba con su espíritu creativo. Esto la llevó a explorar una línea más decorativa y experimental, donde combina distintos materiales que recoge del terreno. "Veo un poco qué ocurre entre ellos", comenta sobre un proceso que se aleja de las limitaciones industriales, para las cuales "siempre se quiere una repetición de lo mismo". Para ella, el arte es todo lo contrario. Un punto de inflexión en su carrera ha sido la feria de arte Saracusta, donde su trabajo ganó la segunda edición. "Esa feria fue como un antes y un después a la hora de mirar mi trabajo", ha confesado. Este reconocimiento le animó a seguir en la línea artística, dando lugar a exposiciones en Teruel y Zaragoza, como en la Universidad San Jorge. Sus obras, que a menudo recuerdan a vasijas contenedoras, buscan "la belleza intrínseca del material". Aunque la arcilla forma parte de la geología de toda la Tierra, Malia trabaja con la de Teruel por una razón fundamental: es la que conoce en profundidad. "Qué mejor que trabajar con ellas", afirma. Su conocimiento le permite experimentar con la materia prima de las tres explotaciones mineras de su familia. Pese a que su visión es "partir de ahora, allá donde me mueva, intentaré también coger parte de ese lugar", reconoce que todavía tiene "mucho trabajo que hacer con lo que hay aquí en este territorio". Su decisión de establecerse en Oliete no responde a un cálculo práctico, sino a un impulso emocional. Aunque vivió en Andorra durante su infancia, sus visitas a la familia paterna en Oliete los fines de semana y veranos forjaron un fuerte vínculo con el lugar. "Para mí Oliete tenía lo que no tenía Andorra: naturaleza, río", recuerda. Este arraigo familiar y su amor por el entorno natural han sido determinantes en su decisión de volver al pueblo. Malia es consciente de que los pueblos pueden tener "muchos déficit", pero cree que "a día de hoy con las comunicaciones [...] pocas desventajas tenemos”. Su regreso a Oliete precedió en cinco años a la propuesta de unirse a la empresa familiar, un hecho que, visto en perspectiva, ha llenado su trayectoria de significado. Todo encajó para dar forma a un proyecto vital y profesional único en el medio rural turolense.