El debate sobre la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) ha vuelto a la primera línea, después de que el Ministerio de Trabajo haya propuesto a los agentes sociales un alza del 3,1% para 2026, lo que elevaría la cifra hasta los 1.221 euros brutos mensuales. Mientras el Gobierno califica el diálogo de 'sincero y constructivo', la realidad de los pequeños y medianos empresarios dibuja un panorama radicalmente opuesto. Y es que en el archipiélago, el tejido empresarial está compuesto en un 90% por pequeñas y medianas empresas. Con este contexto de fondo en COPE, hemos querido conocer la opinión de alguno de esos empresarios, que día a día luchan por ser rentables, y generar empleo y economía. El emprendedor canario Raúl del Molino, con una veintena de proyectos empresariales a sus espaldas, ha estallado en los micrófonos de 'Herrera en COPE Tenerife', ofreciendo un testimonio demoledor que refleja la "asfixia" y la "desesperación" del tejido productivo que genera, según sus cifras, más del 70% del empleo en España. La propuesta del Gobierno llega en un momento de máxima tensión para el empresariado. Desde la CEOE en Tenerife, su presidente, Pedro Alfonso, ya ha manifestado que cualquier subida debe estar vinculada a un "gran pacto por la productividad" que aborde problemas endémicos en las islas, como los altos niveles de absentismo laboral no justificado. Es en este contexto, es donde la voz de Del Molino resuena con especial fuerza, al poner sobre la mesa la cruda realidad de quienes se enfrentan día a día a la creación de empleo lejos de los grandes despachos. Para Del Molino, el problema de fondo es que la subida del SMI se plantea "desde el punto de vista político y no desde el punto de vista de una realidad en la que vive la pequeña pyme de España". Critica que, pese a ser los mayores generadores de empleo, "no se cuenta prácticamente con nosotros para nada''. El empresario se siente abandonado y, sobre todo, presionado por una carga burocrática y fiscal que no deja de crecer. El emprendedor canario denuncia una situación límite para las pymes. "Se nos pone una presión fiscal cada vez peor, cada vez más impuestos y cada vez nos suben más cuotas'', lamenta. Pone como ejemplo su propia experiencia como autónomo societario, cuya cuota ha pasado de unos 200 euros hace unos años a "estar cerca de 400 euros o más". Una subida que, según él, forma parte de una espiral de "subir, subir, subir por populismo, pero no mejora las condiciones de las empresas''. Del Molino insiste en que "ningún empresario va a estar en contra de mejorar las condiciones de su plantilla'', pero argumenta que es imposible hacerlo si el Gobierno '"o que haces es meterme presión a mí, recortarme mi margen, meterme legislación nueva que no me deja hacer un montón de cosas''. Menciona la creación de "más de 19 nuevos impuestos en 2 años' y nuevas normativas sobre bajas laborales que, a su juicio, desprotegen completamente al empresario. Califica la aventura de emprender en el contexto actual como algo 'de locos'. El resultado de esta política, advierte, es catastrófico para el tejido empresarial. Lejos de ser una anécdota, la situación que describe está llevando al cierre de miles de negocios en todo el país. Con amargura, Del Molino lanza una cifra alarmante que, según él, ilustra la sangría del sector: "Mueren 1000 de pequeñas empresas todos los meses, 1000". Un dato que refleja la alta mortalidad de los pequeños proyectos empresariales en el clima económico actual. Uno de los puntos más controvertidos de su análisis es el impacto real de las subidas del SMI en el mercado laboral. Del Molino es tajante: la medida ya está provocando la pérdida de puestos de trabajo. "No, no es que pueda costar, es que está costando", afirma, explicando que muchos empresarios se ven obligados a reducir sus plantillas para poder sobrevivir. Acusa directamente al Ejecutivo de enmascarar esta realidad a través de una estrategia de 'engaño'. Según el empresario, el Gobierno disfraza la destrucción de empleo privado con un aumento desmedido del sector público. "Nos engañan con el trabajo creando empleo público'', asevera. Advierte de que los países que siguen este modelo, creando más empleo público que privado, "están todos en la ruina, en la crisis y con deudas insostenibles". Para Del Molino, esta estrategia es "pan para hoy, hambre para mañana'' y un camino directo a "estrellarte contra un muro de cabeza'. Su advertencia final es premonitoria: "vamos camino a Venezuela... ríanse hasta que llegue". Aunque Del Molino reconoce que el SMI partía de una cifra baja, sostiene que el verdadero problema no es el salario, sino el empobrecimiento generalizado causado por las propias políticas gubernamentales. "Las nuevas leyes, normativas e impuestos han empobrecido a la población un 30 por 100', asegura. Denuncia que el coste de la vida se ha disparado: "La gasolina más cara, la luz más cara, todo es más caro". El acceso a la vivienda es uno de los ejemplos más claros que expone. Relata el caso de una amiga en una zona 'normal' de Santa Cruz que paga "800 euros, más agua, más luz, más Internet por un piso de una habitación, de 45 metros cuadrados". Y es que, "una persona que cobre 1.200, ¿con qué come?", se pregunta. Ante esta realidad, denuncia que la estrategia política es siempre la misma: culpar al empresario. "La culpa siempre va a ser del empresario, el político es un profesional en eso', sentencia. Según su visión, al poder le "interesa esta guerra entre supuestos ricos y trabajadores para desviar la atención, porque interesa tener a la población enfrentada". El testimonio de Raúl del Molino, cargado de emoción y frustración, finaliza con una declaración que encapsula su nivel de desesperación. Confiesa que es la vez que ha hablado "con más el corazón y con más dolor" por lo que ve a diario. Su última frase es una advertencia personal y un reflejo del sentir de muchos otros en su situación: "Antes de que acaben conmigo, me voy de aquí'. Una promesa de autoexilio antes de permitir que un sistema que considera hostil acabe con su capacidad de emprender.