El poeta ovetense Lauren García (1977) está de actualidad por la publicación reciente de un libro de entrevistas a escritores, ‘Ceniceros sucios’, publicado por Trabe, que resume una trayectoria de casi treinta años de entrevistas a diversos escritores, desde Francisco Umbral a Xuan Bello o Martín López Vega. A la vez que este libro, también muy bellamente editado, aparece en Difácil su nuevo poemario, que lleva por título ‘Un exilio voluntario’. Con una estructura muy original que articula siete poemas largos encabezados por el nombre de cada día de la semana, Lauren García despliega un largo aliento lírico que halla su justificación meditativa en la cita del siempre grande Blas de Otero que abre el libro: «La poesía es esa silla donde sentarme ante el poniente». Este punto de partida ya advierte de lo que va a venir, desde el inspirado y rotundo verso primero del libro: «Soy un hombre derrotado por una metáfora». Eso es lo que lleva haciendo desde el inicio este valioso poeta del norte; apostarlo todo a la carta de la poesía, cuyo premio es ella misma. Entregarlo todo a cambio de la alquimia, a cambio de la transformación en oro verbal de las enseñanzas de la vida: «El silencio justifica vidas y renuncias». Siete largos poemas que tienen su estirpe arraigada en poetas como el ya mencionado Blas de Otero y otros como Ángel González. El poema «El calendario madrugador del lunes» se cierra con unos versos espléndidos, que dibujan ya la poética del autor, del hombre que camina por la ciudad moderna, asistiendo a sus rutinas y milagros, al modo de un paseante baudelairiano que regenta un punto de vista privilegiado a la vez que humilde: «Pide el beneplácito del caminante,/ del que ha visto muchas cosechas./ No se rinden cuentas a la lluvia». Tal vez a la lluvia no, pero sí a la memoria rinde cuentas el poeta, el mismo que viaja con ojos incrédulos a un mismo país. En la semana extensa del libro, se escribe como se vive, a tumba abierta: «Yo vine a pelearme con las mareas». Hay algo de Claudio Rodríguez en el conjuro que es siempre la poesía, pues los poemas son «orujo de brujería,/ seda de madrugada,/ hojas barridas por un niño». También el amor es tema que aparece en la poesía de nuestro autor, pero que aquí halla versos tal vez más decantados, pues el amor es el mandato de unos huesos rasgados. Y si nos hemos entregado, al modo de Juan Ramón, al amor y la poesía, el resultado no puede ser sino un dejarse visitar por versos radiantes, como estos dos que son de lo mejor del libro: «Donde chirría y revienta la luz/ está mi tumba». Rotundos los siete poemas. Madura la voz que canta en Asturias esta semana prodigiosa que es la vida de un hombre, pero de un hombre apartado, al modo de Thomas Hardy, del mundanal ruido. Y, a la vez, en el centro de la vida, registrando en su poesía, que vive con él, el tráfago incesante de un mundo que será purificado solamente por el decir y el buen corazón. De ambos, de poesía y corazón, anda sobrado Lauren García. Y sus lectores lo agradecemos, porque sabemos que esta poesía acaba siendo redención: «Explícales ahora a los dioses caídos,/ y a los hombres cabizbajos/ que nunca ampararon la esperanza,/ qué luz encienden tus ojos». Así sea.