Nada de lo que busca un lector convencional en un libro cualquiera (sobre todo en un ‘bestsellers’ cargado de tópicos y argumentos intranscendentes), lo hallaremos aquí, en este libro bellísimo de viajes que rebosa emoción y buena literatura, además de estar lleno de datos curiosos e interesantes que el lector agradece desde el comienzo de una obra escrita en un tono poético que envuelve. El libro se inicia con un capítulo brillante, «La trinchera en la familia», donde el autor y protagonista del relato, Julio Llamazares, dibuja emocionado, en un tono tierno y melancólico a la vez, la visita que hace al cementerio de la Mata, aldea de León donde su padre está enterrado: «Todo esto lo pienso -dice- mientras contemplo su sepultura, alargada como él era y con las flores de noviembre ya resecas, y, cuando después de escuchar un rato el silencio, el único que habita este lugar en el invierno, salgo del cementerio evocando la mañana de verano en que me despedí de él» (pág. 25).