Dos meses esperando un transporte para ir a clase: el parón en la vida de la única alumna de Secundaria de una aldea sevillana

Un error administrativo y la falta de alternativas de transporte escolar mantienen desde noviembre sin clases presenciales a una menor de 15 años en una aldea de El Castillo de las Guardas La única alumna de Secundaria de una aldea de Sevilla lleva un mes sin ir a clase tras cancelar la Junta su ruta de autobús Estas navidades, Carmen no ha pedido juguetes ni regalos. Su único deseo era volver al instituto a la vuelta de las vacaciones. Pero los Reyes Magos no se lo han podido conceder. Esta joven de 15 años que vive en Peroamigo –una aldea dependiente del municipio sevillano El Castillo de las Guardas en la que solo residen tres familias– lleva sin ir a clase desde el 3 de noviembre. Aquel día, el autobús escolar que la recogía a diario dejó de prestar el servicio alegando que no estaba cobrando esa parada. Desde entonces, Carmen, que es la única alumna de Secundaria de Peroamigo , ha tratado de seguir el curso de forma online, lo que significa que “le han cortado su vida social de golpe y porrazo”, como lamenta su madre, Mari Carmen Cabeza, en conversación con este periódico. Recuerda que para que su hija pudiera continuar los estudios en el IES de Gerena, situado a unos 40 minutos de su casa, solicitó un servicio de transporte escolar específico que la Junta de Andalucía le concedió a principios de curso. Así empezó tercero de diversificación en septiembre: a las 6:40 un autobús la recogía para llevarla desde Peroamigo hasta El Castillo de las Guardas, donde se incorporaba a la ruta general junto a otros estudiantes de Secundaria, rumbo al instituto del municipio vecino. Sin embargo, apenas dos meses después del inicio del curso, la empresa adjudicataria decidió suspender la parada en casa de Carmen, bajo el pretexto de que la administración no le estaba pagando, como explica a SevillaelDiario.es el alcalde de El Castillo de las Guardas, Gonzalo Domínguez. Después de presentar varios escritos y reclamar el derecho que tenía reconocido desde el inicio del curso, la madre de Carmen recibió en diciembre una notificación de la Delegación Territorial de Desarrollo Educativo comunicándole que ya habían localizado un taxi para cubrir el trayecto. La llamada la recibió diez días antes de las vacaciones de Navidad, pero Carmen todavía no ha podido incorporarse a clase. El motivo es que al ser menor de 16 años, la normativa exige que vaya acompañada por un auxiliar de transporte, un puesto que aún no ha podido cubrirse “a pesar de las gestiones realizadas”, como indican fuentes de delegación consultadas por este periódico. Para que Carmen pueda continuar sus estudios en la Educación Secundaria tiene que ir a estudiar a un centro ubicado a más de 39 km de su casa Coste académico y emocional Mientras tanto, Carmen sigue las clases desde casa gracias a un sistema de videoconferencia habilitado por el propio instituto. “El centro está haciendo un trabajo excepcional, pero no es lo mismo”, defiende la madre, recordando que su hija cursa 3º de ESO dentro de un programa de diversificación curricular porque es disléxica, lo que dificulta aún más la enseñanza a distancia. “Las clases online no son la solución: los ruidos se multiplican, si tiene dudas no puede preguntar igual que si estuviera presencial y muchas veces se corta la conexión porque vivimos en una zona aislada”, relata Mari Carmen, quien advierte una merma progresiva en la calidad del aprendizaje que está recibiendo su hija. Más allá del impacto que la situación le está provocando a nivel académico, Mari Carmen lamenta cómo le está afectando emocionalmente a una adolescente tal aislamiento. “Carmen empezó en un sitio nuevo y estaba muy contenta porque estaba haciéndose un grupo de amigos, pero de repente le han cortado su vida social de golpe y porrazo”, deplora esta madre, que no se explica que la solución se esté demorando tanto. “Si hay un contrato firmado con la empresa, se tiene que cumplir”, insiste. Desde el IES de Gerena, su director, Enrique Olivera, califica la situación de “inverosímil”. “No tiene sentido que a su hermano lo recojan todas las mañanas y que ella no tenga derecho a ese mismo servicio”, apostilla. En efecto, al hermano menor de Carmen lo siguen recogiendo a diario en Peroamigo para acudir al CEIP Peña Luenga en el municipio de 1.514 habitantes al que pertenece su pedanía. La diferencia es que, al haber cambiado de nivel de enseñanza, el horario ya no es el mismo, por eso la mayor tenía autorizado un servicio específico para entrar una hora antes al instituto. El director del IES de Gerena –centro que acoge a unos 60 alumnos de toda la comarca– explica que el centro ha tenido que articular de forma excepcional un sistema de enseñanza a distancia para evitar que la alumna pierda completamente el curso. “Es una medida que hemos adoptado porque la solución no va a ser a corto plazo, pero debería ser temporal”, opina Olivera, antes de reconocer que la calidad de la enseñanza no es la misma. “La interacción con sus compañeros, con el profesorado y las actividades complementarias del centro Carmen no las está disfrutando”, asevera. El precio de vivir en una aldea El alcalde de El Castillo de las Guardas, Gonzalo Domínguez, asegura que es la primera vez que el municipio se enfrenta a un caso así. “Carmen tenía el transporte concedido desde septiembre y la empresa estaba prestando el servicio con normalidad hasta el 3 de noviembre”, recuerda. Según relata, tras consultar con la Delegación Territorial, se confirmó que la parada estaba autorizada por la Consejería competente, pero que se había producido un error en la tramitación. “A alguien se le olvidó incluir esa parada en la licitación y la empresa no estaba recibiendo el pago”, cuenta extrañado. Desde la Delegación Territorial aseguran que se sigue buscando una solución alternativa que garantice el traslado conforme a la normativa vigente. Entretanto, la menor continúa sin poder asistir presencialmente a clase. La ruta escolar ha seguido funcionando con normalidad para el resto del alumnado de El Castillo de las Guardas. “Los demás chavales están yendo en el autobús, pero falta una niña: falta Carmen, que no va ningún día y tiene el mismo derecho”, denuncia su madre, exigiendo el cumplimiento de un derecho que se le había concedido como a los demás niños del municipio vecino. Mientras los días pasan y el curso avanza, Carmen sigue esperando a que la recojan para volver con sus compañeros. “Desde el minuto uno está deseando regresar a clase”, asegura la madre, poniendo palabras al deseo que su hija manifiesta en silencio. “El regalo que esperaba a la vuelta de las vacaciones era ver al taxi en la puerta, pero no tenemos novedades”, lamenta Mari Carmen, quien no piensa rendirse: “Hasta que no vea a mi hija montada en el coche y llegando al instituto, no voy a parar”. Porque está convencida de que Carmen tiene el mismo derecho que los demás niños a ir al instituto, “que es donde tiene que estar”.