La ingenuidad real, no la ficticia de la vanidad, es uno de los mayores logros consensuados, solo con las miradas, que la sociedad puede plantear ante la desfachatez de la arrogancia y de la autosuficiencia. Es una estratagema que siempre da resultados positivos quizás por la dificultad en combatirla por parte de unos o, quizás, por el interés en no combatirla por parte de los otros.