La encíclica Laudato Sí del Papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común, recoge el trato que el santo de Asís le daba, llamándola hermana y madre. Y añade: “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Romanos 8,22). Laudato Sí.