Casi todas las marcas de automóviles, al menos las que conocemos como más asentadas en nuestro mercado, tienen sus señas de identidad. Unas son más acusadas y evidentes que otras, pero todas están ahí, sólo es cuestión de mirar y buscarlas. Cuando un servidor rastrea en el disco duro de sus recuerdos y atisba algunas de las imágenes que afloran con más fuerza, siempre aparece la estampa imperial de un Audi Quattro del Grupo B de mundial de rallyes volando en los cambios de rasante y levantando piedras, barro, nieve o cualquier otro elemento de la superficie terrestre mientras las bestia avanza devorando todo lo que encuentra a su paso. Es una secuencial brutal y emocionante que añoro igual que la energía de la juventud, la alegría e inocencia de la infancia o la irreverencia de la adolescencia.