La localidad de Vera de Moncayo, a las faldas del Moncayo, celebra la novena edición de la feria de la trufa, Veratruf. Este evento se ha consolidado como una cita ineludible para productores, chefs y amantes de la gastronomía, con el objetivo de potenciar y dar a conocer el mundo de la trufa negra ('Tuber melanosporum'). Uno de los principales objetivos de la feria es desterrar la idea de que la trufa es un producto de lujo inalcanzable. Daniel Jiménez, director de Veratruf, explica que, a diferencia de los aromas artificiales, para cocinar con trufa auténtica "hace falta pequeñas dosis para conseguir unos aromas y unos sabores muy buenos". Se busca así promover el consumo de la trufa real frente a los sucedáneos. Para ello, Veratruf cuenta con un espacio de venta directa donde los visitantes pueden comprar trufa negra fresca y productos elaborados como quesos y embutidos trufados. Además, un servicio de catering ofrece tapas y platos para degustar este manjar, y se organizan jornadas de formación con 'show cookings' que enseñan a los consumidores cómo utilizarla y sacarle el máximo partido en la cocina. La feria se celebra en un momento clave, ya que es cuando la trufa negra de invierno ('Tuber melanosporum') alcanza su punto óptimo de maduración, lo que garantiza un aroma y sabor excepcionales. Jiménez destaca que esta es la variedad de máxima calidad y la diferencia de otras como la trufa blanca, "más de verano" y con "condiciones culinarias inferiores". El evento también pone en valor la importancia de Zaragoza como provincia productora de trufa negra. La Sierra del Moncayo reúne las condiciones idóneas de altitud, clima y precipitaciones para el cultivo de este hongo. Veratruf es el escaparate perfecto para mostrar que "en el Moncayo hay trufa, en Zaragoza hay trufa", afirma el director. Uno de los actos más esperados es el Concurso Nacional de Perros Truferos, que celebra su sexta edición. En esta competición, una veintena de equipos, formados por un recolector y su perro, compiten por encontrar tres trufas en una parcela de 50 metros cuadrados en menos de tres minutos, una demostración de la importancia del adiestramiento y la simbiosis entre el hombre y el animal. Para quienes deseen iniciarse en su consumo, Daniel Jiménez ofrece una recomendación sencilla y efectiva: una simple "rebanada de pan tostado con aceite, sal y trufa". Una forma directa de apreciar la esencia de esta joya gastronómica que la tierra regala cada invierno.