La sangre es sinónimo de vida, pero cuando los glóbulos rojos pierden su forma normal, el sistema que nos mantiene vivos se convierte en una fuente de dolor y complicaciones. Eso ocurre en la anemia falciforme, una enfermedad hereditaria que se manifiesta con crisis vasooclusivas dolorosas, infecciones recurrentes y riesgo de daño orgánico. El problema no es el silencio de la enfermedad, sino el desconocimiento social y sanitario que retrasa su diagnóstico. ¿Qué ocurre en el organismo? La doctora Pilar Llamas, Jefa del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, lo explica con claridad: "La anemia de células falciformes es una enfermedad hereditaria de la sangre que afecta a la estructura de los glóbulos rojos. Esta mutación genética altera la hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno. En lugar de formar glóbulos rojos redondeados y flexibles, el organismo produce células en forma de hoz o media luna". Esta forma anómala tiene consecuencias graves: las células se destruyen antes de tiempo y, además, pueden bloquear vasos sanguíneos, reduciendo el suministro de oxígeno a los tejidos. La enfermedad se transmite cuando ambos progenitores son portadores del gen defectuoso de la hemoglobina S. Una persona portadora no tiene síntomas, pero puede transmitir la enfermedad a sus hijos si su pareja también lo es. Crisis de dolor: la señal más evidente Uno de los aspectos más duros son las crisis vasooclusivas: episodios en los que los glóbulos rojos deformados obstruyen los vasos sanguíneos. "Estas células falciformes se adhieren entre sí y pueden obstruir los vasos sanguíneos, provocando episodios de dolor muy intenso", describe la doctora Llamas. Estas crisis pueden durar horas o días y requieren atención médica urgente. Además del dolor físico, tienen un gran impacto emocional y social, obligando a interrumpir la actividad laboral o escolar de forma repentina. Pero las crisis dolorosas son sólo la punta del iceberg. Cada episodio de vasooclusión no solo causa dolor, también compromete la irrigación de órganos vitales. Con el tiempo, esta falta de oxígeno puede provocar lesiones irreversibles en huesos, riñones, hígado, pulmones e incluso en el sistema nervioso central, aumentando el riesgo de accidentes cerebrovasculares. Este daño acumulativo explica por qué la anemia falciforme es una enfermedad sistémica, con consecuencias que van mucho más allá de las crisis visibles. Diagnóstico precoz: la importancia del cribado En España, la anemia falciforme se detecta mediante la prueba del talón, incluida en el cribado neonatal entre las 24 y 72 horas tras el nacimiento. Este análisis permite identificar hemoglobinopatías como la drepanocitosis desde los primeros días de vida. Aunque el cribado universal se ha extendido en varias comunidades autónomas, sigue siendo necesario reforzar la formación profesional y la información a las familias para garantizar un diagnóstico temprano y evitar complicaciones graves. Tratamientos y esperanza Hoy no existe una cura definitiva salvo el trasplante de médula ósea, que solo es posible en determinados casos. Mientras tanto, los tratamientos buscan prevenir las crisis y mejorar la calidad de vida: analgésicos potentes, antibióticos preventivos, fármacos que disminuyen el crecimiento...