Han pasado diez años desde que, aquella madrugada (en Europa), corrió la noticia de que David Bowie había muerto, un enunciado que todavía hoy puede despertar la incredulidad. Hacía solo dos días que nos había asombrado con una obra bella y turbia, ‘Blackstar’, llena de preguntas a las que su fallecimiento dio súbita respuesta. Sí, entendimos de repente que Bowie había estado muy enfermo, algo que solo sabían en su círculo más cercano, y que el álbum era un majestuoso acto final destinado a consagrar para siempre su aura de artista total.