El avance de la inteligencia artificial (IA) en el mercado laboral ya no es una promesa futura, sino una realidad que empieza a cambiar la forma en la que trabajamos y vivimos. Automatización, algoritmos cada vez más inteligentes y robots capaces de aprender están sustituyendo tareas que hasta hace poco eran exclusivamente humanas. En este nuevo escenario, surgen preguntas incómodas: ¿qué pasará con el empleo?, ¿cómo se sostendrá el sistema social? Para Plácido Domenech, arquitecto de software y divulgador en IA, la respuesta apunta a una medida tan polémica como inevitable: la renta básica universal. Domenech es tajante cuando analiza el impacto de la IA en el empleo. “El futuro a no más de 10 o 20 años va a ser el fin del trabajo”, afirma durante su intervención en El Podcast de Webpositer. Según explica, los primeros en verse afectados son los llamados empleos de “cuello blanco”, aquellos ligados al mundo digital y al uso intensivo del conocimiento. Pero el proceso no se detiene ahí. Con el avance de la robótica, también llegarán los cambios a los trabajos manuales. “Hoy un robot necesita supervisión humana, pero en cuanto tenga datos suficientes, trabajará solo”, señala. El resultado, advierte, será una destrucción masiva de puestos de trabajo que puede generar una tensión social sin precedentes. Es en este contexto donde aparece el concepto clave de la entrevista. Domenech lo resume con una frase contundente: “La IA creará la renta básica universal, porque el impacto en el trabajo creará un problema social: les darán dinero para que vivan tranquilos y se callen”, señala. Para él, no se trata de una teoría conspirativa, sino de una salida práctica que los gobiernos ya contemplan. El experto recuerda que en Europa y Estados Unidos ya existen ayudas que apuntan en esa dirección. “Si millones de personas se quedan sin trabajo, la alternativa es una renta que garantice una vida digna o un conflicto social de gran escala”, explica. Sin embargo, deja claro que no es partidario de esta solución. Aunque reconoce que hay personas que necesitan apoyo, Domenech considera que la renta básica universal es “una trampa”. “Es una pregunta manipulada: o aceptas la renta o aceptas que la gente pase hambre”, afirma. A su juicio, este planteamiento evita el debate de fondo: el propósito del ser humano en una era donde la inteligencia ya no es un valor diferencial. “El problema no es la IA, somos nosotros”, insiste. Para el arquitecto de software, delegar el futuro en una paga mensual puede generar problemas más profundos, como la pérdida de sentido vital, el aumento de los problemas de salud mental y una sociedad conformista. Más allá de la renta básica, Domenech defiende la necesidad de una transformación profunda. “La inteligencia artificial no es solo una herramienta, es una nueva era”, señala. En este nuevo paradigma, empresas y personas deberán adaptarse, aprender a convivir con sistemas más inteligentes y redefinir su papel en la sociedad. El mensaje final es claro: la IA traerá enormes avances, pero también obligará a tomar decisiones incómodas. La renta básica universal puede llegar, pero el verdadero desafío será evitar que se convierta en un simple mecanismo para “callar” a la población y, en su lugar, construir un modelo que dé sentido y oportunidades reales en un mundo donde el trabajo, tal y como lo conocemos, puede dejar de existir.