Las mascotas forman parte de la vida cotidiana de millones de personas en España. Perros y gatos se han convertido en compañeros habituales en hogares de todo tipo, especialmente en las grandes ciudades, donde cada vez es más común verlos pasear por calles y parques. Sin embargo, no todo el mundo comparte la idea de que cualquier entorno sea adecuado para un animal. Carmen Lomana lo tiene claro y lo explica sin rodeos. Durante su sección en Fin de Semana, en COPE, Carmen Lomana deja una reflexión que no pasa desapercibida y que conecta con un debate cada vez más presente: “No me gusta tener mascotas en un piso en la ciudad, porque los animales tienen que estar en casas con jardines grandes donde puedan correr y vivir como animalitos”, señala. La empresaria y colaboradora insiste en que no se trata de una crítica a quienes tienen mascotas, sino de una forma personal de entender el bienestar animal. “Yo he tenido perros y los adoraba”, recuerda, “pero siempre en una casa con un jardín muy grande, donde podían correr y estar bien como perros”. Para Lomana, los animales necesitan espacio y libertad para desarrollar su comportamiento natural. “Un perro es un animal al que le gusta escarbar, oler, correr y vivir como un animalito”, explica, subrayando que, en su opinión, el entorno urbano no siempre permite cubrir esas necesidades básicas. Por eso, viviendo en un piso y en plena ciudad, reconoce que no se ve con un perro. “No, viviendo en un piso y en una ciudad”, afirma con rotundidad. En cambio, hace una excepción con los gatos, a los que considera más independientes: “Un gato sí, porque es más autónomo, tiene su caja y no necesita salir a la calle”. Otro de los puntos que aborda Carmen Lomana es la tendencia creciente a humanizar a las mascotas. Desde ropa hasta carritos, accesorios y disfraces, la industria alrededor de los animales no deja de crecer. A ella, sin embargo, este fenómeno le genera rechazo. “No me gusta ver a los perros disfrazados, con abrigos, pies o ropa innecesaria”, comenta. Incluso relata una anécdota personal para ilustrarlo: “Tengo una amiga que disfrazó a su perrita y el animal se enfadó. Nos miraba con una cara… yo creo que se sentía ridícula”. Para Lomana, algunos perros muestran claramente su incomodidad: “Bajan la cabeza como avergonzados”. La colaboradora también pone el foco en un problema muy concreto: la suciedad en las calles. “No soporto ver las calles todas sucias por los perros”, afirma. A su juicio, no se trata del animal, sino de la falta de civismo de algunos dueños. “La calle es de todos, de los perros también, pero sobre todo de las personas”, recuerda. Aplaude a los propietarios responsables que recogen los excrementos y limpian la zona, pero denuncia que en días festivos “muchos no recogen nada”. En esos casos, asegura que no duda en llamar la atención: “Les digo que por favor recojan eso”. Pese a su postura firme, Carmen Lomana deja claro que entiende que para muchas personas las mascotas son una gran compañía. “Reconozco que a mucha gente les hacen compañía y no lo quiero criticar”, matiza. Su mensaje no va dirigido a juzgar, sino a invitar a la reflexión sobre qué es lo mejor para los animales. En un momento en el que las mascotas ocupan un lugar central en la vida familiar, su opinión abre un debate necesario sobre el equilibrio entre el cariño que les damos y las condiciones reales en las que viven. Porque, como ella misma resume, “querer a un animal también es pensar en lo que necesita para vivir bien”.