Ángel León , probablemente, esté atravesando uno de los momentos más reflexivos de su trayectoria profesional. El chef gaditano, reconocido con tres estrellas Michelin y conocido mundialmente como el chef del mar, ha confesado recientemente que atravesó una etapa de cansancio profundo con la gastronomía . No con la cocina en sí, sino con todo lo que la rodea. «Estaba harto» , resumió con franqueza durante su visita a la Cadena SER, en una entrevista con Carlos G. Cano en el programa Gastro SER. León explicó que llevaba tiempo sintiendo la necesidad de un cambio. No era una reflexión improvisada, sino el resultado de años de exposición constante, entrevistas, documentales y discursos en los que, una y otra vez, tenía que hablar de sí mismo. «Me he cansado de hablar de mí» , reconoció. Tanto, que incluso evita verse en televisión cuando aparece por sentir agotamiento, el de alguien que ha pasado demasiado tiempo explicándose y muy poco simplemente viviendo lo que hace. Buena parte de ese desgaste tiene que ver con su relación con el mar , el eje central de su cocina. Ángel León lleva años investigándolo, reivindicándolo y convirtiéndolo en discurso. Sin embargo, en un momento dado sintió que algo se había desajustado. «Llevo mucho tiempo hablando del mar, pero yo donde quiero estar es en el mar» , explicó. Uno de los momentos que más influyeron en esta reflexión fue su participación en Chef's Table , la serie documental de Netflix que retrata a algunos de los cocineros más influyentes del mundo. Aunque el resultado le gustó y reconoce la magnitud del proyecto, la sensación que tuvo al ver el capítulo terminado fue desconcertante. «Parecía que mi historia ya estaba contada» , llegó a decir. No era una crítica al documental, sino a lo que provocó en él. Al verse desde fuera, narrado como un personaje, tuvo la impresión de que su recorrido había llegado a su fin , como si alguien hubiera puesto el punto final a su historia. Esa sensación le obligó a parar y a mirarse con distancia. Por un lado, estaba el personaje público; por otro, la persona real, con inquietudes, dudas y todavía muchas cosas por hacer. Fue ahí cuando apareció una idea incómoda pero honesta: se estaba aburriendo de la gastronomía . No de cocinar, ni de investigar, ni de crear. Se estaba cansando del contexto, del exceso de contenido, de la obligación permanente de explicar cada plato, cada idea y cada decisión como si todo tuviera que ir acompañado de un gran relato. Ángel León puso palabras a una sensación que muchos cocineros comparten, aunque pocos verbalizan. La gastronomía vive un momento de saturación narrativa . Todo necesita una historia, un mensaje, una justificación. Cada cocinero parece obligado a construir un discurso propio, casi una identidad de marca. Y eso, con el tiempo, pesa. «Está todo muy espeso» , comenta el chef. No como crítica destructiva, sino como diagnóstico. Cuando la creatividad se convierte en obligación y la emoción en contenido, algo se resiente. En su caso, ese cansancio se tradujo en la necesidad de bajar el ruido y replantearse el camino. Un hartazgo que no significa retirada ni abandono. Al contrario. Ángel León dejó claro que no tiene ninguna intención de irse ni de desaparecer . Lo que quiere es seguir, pero de otra manera. Más conectada con lo esencial y menos condicionada por el foco mediático. Menos explicaciones y más experiencias reales, tanto para él como para quienes se sientan a su mesa. Y es que a veces, parar y reconocer el cansancio también es una forma de avanzar. Ángel León sigue siendo uno de los cocineros más influyentes del panorama internacional. Pero ahora, más allá de estrellas y discursos, parece buscar algo mucho más sencillo y, a la vez, más difícil: volver a disfrutar sin tener que contarlo todo .