Hubo una época en la que el cine no simulaba mundos: los construía. Antes de la llegada de los efectos digitales, las grandes superproducciones levantaban ciudades enteras con madera, yeso, acero y una dosis descomunal de ambición artística. Pocas películas representan mejor esa era que Metrópolis, la obra maestra de ciencia ficción dirigida por Fritz Lang que, casi cien años después de su estreno, sigue impresionando por la magnitud y el detalle de sus decorados.