Tras la novedosa urbanización del paseo en 1885, de la que hablamos en el pasado capítulo, algunos comercios ya indicaban en sus anuncios de prensa su ubicación en el Nuevo Paseo de Valencia. Para las siguientes fiestas de 1886, se instaló en el extremo oeste del paseo un lindo chalet o casita rústica, con objeto de expender licores y refrescos. Lo construyó el industrial de la plaza Santiago Martinicorena, con un coste de 2.479 pesetas.