La nueva baliza V-16 nace con el objetivo de salvar vidas. Sin embargo, una experta advierte de una consecuencia imprevista y muy peligrosa: su sistema de geolocalización público podría convertir a los conductores en un blanco fácil para los delincuentes. La psicóloga y criminóloga Jessica Prado ha lanzado una seria advertencia sobre lo que considera un sistema “muy criminógeno y muy peligroso” que refleja la falta de una perspectiva experta en las instituciones. La principal preocupación de Prado no es el dispositivo en sí, sino una de sus funcionalidades estrella: un mapa interactivo de acceso público que muestra en tiempo real la ubicación de todas las balizas activadas. Según la experta, lo que se presenta como una herramienta útil para planificar viajes es en realidad “un mapa útil para, como delincuente, planificar mejor a quién quieres agredir, robar o cualquier cosa”. Este sistema, a su juicio, pone en bandeja la localización de personas en una situación de extrema vulnerabilidad. En criminología, existe un concepto clave llamado victimización situacional, y una persona cuyo coche se ha averiado cumple con todos los factores de riesgo. “Es una persona que, probablemente, esté sola o acompañada por poca gente, que esté aislada o semiaislada”, explica Prado. Además, se encuentra en un estado de distracción o incluso shock, no puede huir fácilmente y es probable que acepte ayuda de cualquiera que se la ofrezca, lo que la convierte en un objetivo ideal. Esto es señalar a una víctima en potencia y abre la puerta a “robos, extorsiones, agresiones sexuales o estafas”. Prado subraya que este sistema minimiza el esfuerzo que un delincuente necesita para encontrar un objetivo. “Abro un mapa y tengo un catálogo entero de posibles víctimas y sus localizaciones”, critica. Con esta información, un agresor puede elegir a quién atacar simplemente valorando si se encuentra en una carretera solitaria, poco transitada o de difícil acceso, aumentando así las probabilidades de que se cometan más delitos. La baliza V-16 se concibió para resolver un problema grave: las muertes por atropello en carretera, que se estiman entre 18 y 20 al año, algunas de ellas ocurridas mientras los conductores colocaban los triángulos de emergencia. Este nuevo dispositivo luminoso permite señalizar una avería o accidente desde el interior del vehículo. Sin embargo, la criminóloga pone en duda su eficacia real, ya que “esta luz no se ve casi nada, de día se ve todavía menos” y, ante una curva o un cambio de rasante, su visibilidad es prácticamente nula. Además de su función luminosa, el aparato se conecta con la Dirección General de Tráfico (DGT) para informar de la inmovilización del vehículo. No obstante, Prado señala una carencia importante: “No avisa ni a la grúa ni al 112”. Para la experta, esto supone ceder datos personales y de geolocalización a cambio de un servicio incompleto que no garantiza una asistencia directa en caso de emergencia. Para Jessica Prado, este error de diseño evidencia un problema de fondo: la ausencia de expertos en criminología en el desarrollo de proyectos públicos. Afirma con rotundidad que “si hubiera un solo criminólogo pensando detrás de este proyecto, esto no hubiera o no debería haber salido hacia adelante”. La solución, según ella, no es eliminar la baliza, sino el mapa que la acompaña. La propuesta de la experta es clara: “La baliza V-16 se puede seguir usando, se puede seguir poniendo como obligatoria, se puede seguir compartiendo la información con la DGT. Lo que no se puede hacer es crear un mapa público donde cualquier persona tenga acceso a esta información”. Prado concluye con un llamamiento al pensamiento crítico, recordando que “no todo lo que se vende como seguridad nos protege” e instando a la sociedad a alzar la voz ante medidas que, como esta, pueden generar más riesgos de los que pretenden solucionar.