Dos célebres fotografías tomadas con ocho segundos de intervalo –los que Puigdemont tardó entre anunciar y suspender la declaración de Cataluña como estado soberano–, simbolizaron en 2017 la celeridad con que el movimiento separatista pasó del entusiasmo al desencanto ante la evidencia de que su sueño de secesión desembocaba en fiasco. No mucho más tiempo empleó Trump en enfriar el eufórico estado de ánimo con que la opinión pública del mundo libre, excepto los reductos del comunismo más rancio, celebraba hace una semana el derrocamiento del dictador venezolano. A un primer discurso crudamente pragmático, en el que el líder estadounidense desdeñó con innecesaria aspereza a María Corina Machado , se han sumado en los siguientes días numerosos y claros síntomas... Ver Más