El tradicional 'oro negro' ha encontrado un sucesor en el mercado industrial. El economista Daniel Lacalle analiza el momento dulce que vive el cobre, un metal que califica como el nuevo oro industrial por su papel clave en la economía moderna. Su importancia es capital en sectores como la construcción, las renovables y, sobre todo, en la electrificación y el avance del vehículo eléctrico, que han provocado un cambio radical en sus perspectivas de futuro y han disparado su precio a máximos históricos. El factor que ha catapultado la demanda de este metal es la electrificación del parque automovilístico. Aunque un coche de combustión ya necesita cobre para su conectividad, "un vehículo eléctrico necesita 8 veces más cobre que un vehículo de combustión fósil, de gasolina, un diésel", detalla Lacalle. Esta multiplicación de la demanda, impulsada por los objetivos de descarbonización, ha creado una brecha insalvable con la oferta actual. El ritmo de la minería de cobre a nivel mundial se encuentra muy por detrás de la demanda industrial y de los sectores que impulsan la transición verde. Según las estimaciones que maneja el economista, "se necesita minar más de 10 veces lo que ya está minado para acceder a la demanda que se estima que se va a generar de aquí al año 2050" en los sectores de la industria, la automoción y la energía. Pese a la urgencia por reducir las emisiones de CO2, la planificación actual de la transición energética parece haber olvidado una pieza fundamental. "La transición energética como se ha diseñado tiene un gigantesco agujero en medio. Ese gigantesco agujero se llama minería", advierte Lacalle. Sin una apuesta decidida por la extracción de cobre, litio y otras tierras raras, la electrificación de la economía es inviable. Muchos gobiernos y analistas parecen haber diseñado una hoja de ruta energética "completamente miope y de power point". El economista critica que "los políticos hablan de transición ecológica sin tener en cuenta las necesidades de minería". Para Lacalle, es imposible alcanzar los objetivos climáticos sin una inversión masiva en el sector extractivo, ya que, afirma, "el 0 neto no se puede conseguir sin un aumento de las inversiones en minería". Este desajuste entre planificación y realidad está teniendo claras consecuencias geopolíticas. Mientras los países europeos han impulsado un cambio de modelo sin asegurar el suministro, China ha tomado la delantera. "Los países desarrollados, particularmente los europeos, se han lanzado a una transición energética en la que no han tenido en cuenta que iban a regalarle el liderazgo del automóvil y el liderazgo del cambio a China", sentencia Lacalle. La gran debilidad de Europa, según el experto, ha sido doble: no solo carece de petróleo, sino que "no tienen cobre y tienen muy poco litio, y que tienen muy poco de lo que se necesita de tierras raras para esa transición". En cambio, gigantes como China o Estados Unidos han demostrado tenerlo mucho más claro, al no iniciar proyectos de transición sin antes asegurar su competitividad en las materias primas necesarias. El resultado es un mercado en plena ebullición. Mientras el precio del cobre se dispara por la demanda china, el del petróleo baja, en parte como estrategia de los productores para demostrar que son más competitivos. Este escenario abre una gran oportunidad para países productores como Chile, pero sobre todo, expone la necesidad de un nuevo enfoque. Como concluye Lacalle, "se necesita una política energética que sea menos de power point y más de realismo".