El nuevo ruido geopolítico sobre Groenlandia se escucha en Dinamarca con una mezcla de desconcierto y cansancio. Bajo el debate asoma una realidad estructural: la isla depende económicamente de Copenhague. Sumando la ayuda anual fija y partidas como sanidad, docencia y otros capítulos, Dinamarca cubre casi la mitad del presupuesto groenlandés, explican. Y esa dependencia, apuntan varios residentes, no está disminuyendo: Groenlandia no genera recursos suficientes para asumir más competencias sin apoyo externo. A ello se suma la demografía: solo unos 57.000 habitantes y proyecciones para 2050 que hablan de una posible pérdida de hasta un tercio de la población, en parte porque muchos jóvenes que se van a estudiar a Dinamarca no regresan y porque parte de los mayores se traslada buscando un sistema sanitario más robusto en el país.