Pese a la mala dinámica y las bajas, el talento individual de jugadores como Sielva o Sergi Enrich convierte a los de Bolo en un peligro si el partido se vuelve loco La inminente salida de su capitán, Pulido, podría afectar a un vestuario descabezado de su principal líder Dicen los manuales de la categoría de plata que no hay rival más peligroso que aquel que se siente acorralado. Y esa es, precisamente, la definición exacta del oponente que el Córdoba CF se encontrará este lunes en El Alcoraz. El conjunto blanquiverde, que llega lanzado tras dos victorias consecutivas y con la moral por las nubes, visita a un Huesca que es la viva imagen de la urgencia. Un equipo que vive días convulsos, con el descenso pisándole los talones a solo un punto de distancia y un vestuario agitado por las salidas. Sin embargo, reducir el análisis a su mala dinámica sería un error: el cuadro aragonés mantiene argumentos individuales suficientes para despertar en cualquier momento. Y es que, para entender cómo llega el rival hay que mirar primero a la caseta. La semana en Huesca ha estado marcada por un nombre propio: Jorge Pulido. El capitán y emblema del club tiene pie y medio en la UD Almería tras un largo culebrón que ha desgastado el ánimo de la grada y que ha llegado a su colofón con una rueda de prensa en la que el capitán ha confesado su deseo de poner rumbo hacía Andalucía tras la 'falta de valoración' a la que ha apelado el defensor por parte de su club. Su inminente marcha deja al equipo descabezado emocionalmente justo cuando más líderes necesita. Consciente de la gravedad de la situación tras el doloroso 4-1 encajado en Castellón, el técnico Jon Pérez Bolo decidió activar el botón de emergencia. El equipo ha realizado una especie de “mini pretemporada” de ocho días, un periodo de reflexión y trabajo táctico intensivo para resetear mentes y piernas. Y es que Bolo, viejo conocido de Iván Ania con quien compartió vestuario en el Rayo Vallecano a principios de los 2000, sabe que se juega gran parte de su crédito ante su excompañero. En lo futbolístico, el Huesca que se encontrará el Córdoba es un equipo de contrastes. Bolo apuesta por un dibujo que oscila entre el 4-2-3-1 en ataque y un 4-4-2 muy marcado en repliegue. Es un bloque reactivo, que prefiere ceder la iniciativa para buscar el juego directo y la velocidad por bandas, donde Gerard Valentín sigue siendo un puñal y donde podría debutar el fichaje invernal Efe Aghama -cedido por el Cádiz CF- para aportar desborde. Pero si hay una herramienta que el Córdoba debe desactivar, esa es la estrategia. El Huesca es el equipo de la liga que mayor porcentaje de goles anota de cabeza. El culpable tiene nombre y apellidos: Óscar Sielva. El mediocentro es el termómetro del equipo y posee un guante en su bota derecha. En torno al 40% de los tantos oscenses nacen de la pizarra, con Sielva ejecutando y torres como Sergi Enrich o Enol Rodríguez -y hasta ahora, también el propio Jorge Pulido- rematando. Evitar faltas cerca del área de Iker Álvarez será, por tanto, el primer mandamiento para los de Iván Ania. SD Huesca 4-1 Córdoba CF de la pasada temporada La gran paradoja de este Huesca es que su fortaleza histórica se ha convertido en su debilidad actual. El Alcoraz, otrora un fortín inexpugnable, ha mostrado grietas preocupantes en el último mes. El equipo ha encajado trece goles en sus últimos cinco compromisos, incluyendo derrotas severas ante Valladolid (1-4) y Osasuna en Copa (2-4). Esa “sangría” defensiva, unida a la baja de Piña (sanción) y la falta de confianza en Hugo Pérez, además del 'caso Pulido', dibuja a una zaga vulnerable y falta de confianza. Aún así, sus números globales como local no son alarmantes: son el 12º mejor local con 16 puntos en 10 partidos, y equipos como Racing (1-1), Sporting (2-0) o Las Palmas (1-1) han pinchado en tierras oscenses. En definitiva, y teniendo todo ello en cuenta, el Córdoba CF se mide a un animal herido, sí, pero con colmillos afilados en la estrategia y la necesidad imperiosa de sobrevivir. Un escenario de trampa donde la gestión de la ansiedad local será tan importante como el propio juego.