2026. El año cordobés. Dosmilventisaih . Tres días nos duró la broma de un año diferente al 2025. Y al 2024. Brindamos en Nochevieja por dejar atrás lo que tan mal va y ansiamos que por fin las perspectivas para el futuro cambien. Mi amigo Francisco Javier Jiménez, que de vez en cuando se asoma a Cordópolis por su ventana de Overton, me recomendó hace años Factfulness . Lo escribió en 2018 Hans Rosling, un médico de salud internacional que había dedicado su vida a recorrer y mejorar el mundo. El libro fue póstumo. Mientras lo escribía, Rosling sabía que se moría. Y no le pudo el pesimismo. Demostró en diez asuntos cómo el mundo iba mucho mejor de lo que pensábamos, aunque pareciera lo contrario. En El País, Kiko Llaneras publica cada año una lista con 45 motivos para demostrar que sí, que el mundo va a mejor, a pesar de todo. Y son datos, irrefutables. Los de dato mata relato, etcétera. El propio Rosling escribía que obviamente si le preguntamos a un ucraniano, a un inmigrante que está saltando la valla de Melilla o tirándose al mar, pues desde su punto de vista individual el mundo no mejora sino que es un agujero negro que nos devora. Pero a nivel global, todos los indicadores nos dicen lo contrario: hay cada vez menos pobres, la tecnología está mejorando las condiciones de vida, la esperanza de vida es cada vez mayor, la ciencia está curando enfermedades e incluso a poco que prosperan los países desbordados por la demografía logran contener sus índices de natalidad. Obviamente hay riesgos. El cambio climático, según Rosling, es el que más le preocupaba. Y el auge de los populismos, que en 2018 ya habían cristalizado en el primer Trump y el Brexit, en occidente. El autoritarismo va a más, las redes sociales están destrozando la convivencia de la sociedad y la economía ultra capitalizada está creando una clase de súper ricos. Pero estoy seguro de que hoy vivo mucho mejor de lo que lo han hecho mis padres. Ni que decir tiene de lo que tuvieron que padecer mis abuelos. Los que nacimos en los ochenta hemos visto lo que eran nuestras ciudades, sucias e inseguras (a pesar de los nostálgicos actuales, los de los mejores años de nuestras vidas, mentira), con lugares a los que no podías ir (¿o es que se podía pasear de noche tranquilamente por la Judería?) y con tan poco dinero que no te daba ni para comprarte una litrona para ti solo. A rasgos globales, el mundo va mucho mejor que antes. La ciencia y la cooperación dan sus frutos. Pero somos nosotros el principal riesgo para que esto siga ocurriendo. No dejemos que el mal triunfe. Y por un dosmildiesisaih feliz de verdad.