La muerte nunca viene bien, pero es todavía peor cuando se muere en tiempo de ocio, disfrutando de la vida, sin aventurar peligro alguno, en esa edad en la que nadie debería morir. El fatal incendio de la pasada Nochevieja en el local Le Constellations de la estación suiza de Crans Montanade, donde 40 jóvenes, muchos de ellos menores perdieron la vida al propagarse un incendio provocado al incendiarse el techo por una bengalas repartidas por el propio local para celebrar la entrada del nuevo año debe ser una lección a aprender.