La arquitectura tradicional gallega construida con cal y arena desaparece por la ausencia de una gestión adecuada desde la Administración, la despoblación rural y la falta de sensibilidad de los ciudadanos, que desconocen su valor y tratan de borrar su huella al asociarla a épocas de escasez ya superadas. Nada más lejos de la realidad, porque las técnicas y materiales usados en el pasado se integran en nuestro paisaje y ofrecen soluciones sostenibles que constituyen «un modelo a seguir» en el actual contexto de crisis climática y energética.