Tras su reciente transformación, que ha llevado años y una inversión millonaria, el Passeig Marítim de Palma estrena nueva imagen, pero esta ilusionante etapa ha llegado de la mano de una nueva realidad: el ocio nocturno, tan vital para aquel enclave de la ciudad, languidece por momentos. Los altísimos alquileres y la falta de aparcamiento la han convertido en una zona desangelada, sin apenas movimiento y las expectativas empresariales no invitan al optimismo. Y como muestra, el caso de Lío Mallorca, el grupo que desembarcó en el antiguo Tito’s se replantea su futuro y ha presentado un ERE. Hace años, cuando aquella fachada palmesana estaba repleta de bares y discotecas, el ambiente en el Marítim era un reclamo para miles de jóvenes y no tan jóvenes que acudían los fines de semana. La Policía Local y la Policía Portuaria habilitaban carriles para que los coches pudieran estacionar y la actividad empresarial en la zona era intensa, casi frenética. Los empresarios competían para abrir allí un local. La parte negativa era que el ruido y las peleas evitaban, en ocasiones, el descanso de los vecinos, que llegaron a manifestarse pidiendo soluciones, pero era innegable el tirón del Marítim como epicentro del ocio nocturno de Palma.