Terraferida ha vuelto. El azote de la codicia, manifiesta y pública de las Islas, ha roto su silencio de casi tres años. Durante una década, el colectivo evidenció la desidia administrativa, a la vez que permisiva, ante el avance de un modelo especulativo que juega a favor de la destrucción del territorio. Por tanto, de nosotros todos. El desarrollismo a velocidad de bit no ha cesado. Da igual que gobiernen los unos y los otros. Todos los partidos políticos reman a favor de convertir la Isla en una ciudad. El campo quedará para uso privativo de quien ha comprado los grandes espacios. Alrededor, como anillos de Saturno, nos moveremos los de a pie, la mayoría. A los turistas de paso se les seguirá atrincherando en cruceros, en hoteles, en parques temáticos, asegurándoles que están en el paraíso. Lo creerán.