Decadencia

Al siglo XXI le cuesta arrancar; ya hemos quemado una cuarta parte, pero el camino que lleva se parece demasiado al infierno como para mantener vivo algún tipo de esperanza. Durante décadas, Europa ha sido sinónimo de derechos humanos, libertades y bienestar colectivo, arte y cultura. Estados Unidos era sinónimo de pujanza económica, innovación, creatividad y empuje, cine y televisión. América del Sur era un conglomerado de países infestados de corrupción, desigualdad e injusticia, abonado a los culebrones, la fiesta y la música pachanguera. África estaba silenciada y Asia era un extraño cruce entre el destino de los pederastas del planeta y la fábrica barata de Occidente, un mundo hermético de tradiciones milenarias. Extraño equilibrio.