La ferretería Julián , en el barrio toledano de Palomarejos, ha celebrado con la entrada del nuevo año el cincuentenario de su apertura, convertida en uno de esos comercios que forman parte de la memoria cotidiana de Toledo. Medio siglo después de levantar la persiana por primera vez, el establecimiento no solo ha sobrevivido a los cambios económicos y urbanos de la ciudad, sino que ha sabido reforzar su papel como comercio de proximidad, útil y cercano, hasta ganarse el apelativo de 'farmacia del hogar' . El negocio abrió sus puertas en el invierno de 1976 , cuando Julián Martín Garrido decidió regresar a su ciudad natal tras una intensa etapa profesional en la Costa Brava, donde llegó a regentar cuatro tiendas de damasquino. Cansado de «pelear» lejos de casa y con la intención de iniciar una nueva etapa, optó por volver a Toledo y emprender en un sector distinto, abriendo una ferretería y cacharrería en la calle Andalucía, en el entonces muy vivo barrio de Palomarejos. En aquella primera etapa, Julián sacó adelante el negocio prácticamente en solitario , aunque pronto contó con la ayuda de su esposa, María Cruz, que le echó una mano en numerosas ocasiones en la tienda. Desde el primer mostrador comenzó a forjarse una filosofía de trabajo muy clara, basada en el trato directo y en una máxima que el propio Julián resume con ironía: «Para estar detrás de un mostrador no hay que ser de ningún equipo», en referencia a la política. «Los colores —de cualquier tipo— se quedan fuera de la tienda; dentro, lo importante es atender con educación, simpatía y cercanía », concluye. La figura de Julián ha estado siempre ligada al deporte. En su juventud llegó a competir en ciclismo con el equipo Kas , siendo contemporáneo de corredores como Nemesio Jiménez. Desde hace más de veinte años es presidente del Club Atletismo Toledo , uno de los clubes más antiguos y referentes de Castilla-La Mancha, al que sigue vinculado con dedicación pese a reconocer que no encuentra relevo. Julián es, además, padre del exconcejal de Deportes del Ayuntamiento de Toledo, Alfonso Martín, periodista y exatleta, al igual que su hija Patricia, que también compitió con el club. Paralelamente, el crecimiento del negocio hizo que el local original se quedara pequeño . En 1994 entró a trabajar como aprendiz Iván González, a quien el propio Julián define con humor como un 'enchufado', ya que entonces cortejaba a su hija Patricia, con la que acabaría casándose y formando una familia. Iván fue adquiriendo experiencia y conocimientos hasta que, de común acuerdo con su suegro, decidieron trasladar la ferretería a la cercana calle Lisboa, a poco más de cien metros del emplazamiento original. El cambio de local no estuvo exento de dudas. Hubo quien pensó que el traslado no funcionaría , convencido de que la clientela es de hábitos fijos y poco amiga de cambios. Sin embargo, el tiempo demostró lo contrario. La ferretería siguió adelante, mantuvo su nombre —pese a que Julián ya se había jubilado y era Iván quien pasaba a regentar el negocio— y acabó consolidándose en su nueva ubicación. Con el traslado también cambió parcialmente el perfil de la clientela . A los vecinos habituales se sumaron personas más jóvenes procedentes de otros barrios de Toledo y de municipios cercanos. Además, comenzaron a acudir con mayor frecuencia profesionales como fontaneros, pintores o albañiles, que encuentran en la ferretería un punto de abastecimiento rápido y eficaz. Tras una etapa de bajada de clientes, el negocio experimentó una recuperación clara. Desde la pandemia de 2020, la ferretería tomó una decisión clave: no cerrar al mediodía . Una medida pensada para facilitar la compra a trabajadores que disponen de poco tiempo y que ha reforzado su papel como comercio de servicio. Actualmente, el negocio es atendido por Iván y tres empleados, y cuenta con productos que se han convertido en auténticos referentes, como la reproducción de llaves, mandos de puertas y porteros automáticos, además del menaje. La atención al cliente y la convivencia diaria con el barrio siguen siendo la clave del negocio . Esa cercanía se refleja también en su implicación social: colaboran cuando se les solicita ayuda para las fiestas del barrio, participan en micro mecenazgos en India y Nepal y apoyan proyectos de la Escuela de Ingeniería Aeronáutica de la Universidad de Castilla-La Mancha, reforzando su compromiso más allá de lo estrictamente comercial. Con el paso de los años, la ferretería fue ganando clientela y prestigio hasta convertirse en un comercio muy conocido en toda la ciudad, más allá de Palomarejos. Sin embargo, el barrio fue cambiando progresivamente, con un envejecimiento de la población y una pérdida de actividad comercial que se acentuó tras el traslado del hospital Virgen de la Salud. Pese a ese contexto adverso, la ferretería Julián no solo resistió, sino que logró adaptarse y mantenerse como un referente . Para celebrar el cincuentenario, la ferretería ha editado varios cientos de calendarios de bolsillo con una panorámica de Toledo desde el Valle y el lema «50 años contigo», que están repartiendo entre su clientela como gesto de agradecimiento. A este aniversario se suma también el reconocimiento de la revista especializada C. de Comunicación, que sitúa a la Ferretería Julián como la primera de la provincia de Toledo en su categoría y en sexto lugar a nivel nacional. Julián Martín Garrido, hoy jubilado, sigue pasando casi a diario por la tienda, dando un paseo desde su domicilio. Observa con orgullo cómo el negocio que abrió hace medio siglo continúa siendo un punto de referencia. Un comercio que ha sobrevivido a crisis, pandemia y transformaciones urbanas sin dejar de ser lo que siempre fue: una ferretería de barrio, cercana, útil y profundamente humana .