Neptuno y el atentado estético que nadie pidió

Dicen que las ciudades, como las personas, se definen tanto por las cosas que hacen como por las que consienten. En Málaga tenemos una larga tradición de consentir con candor, quizá porque somos mediterráneos y, por tanto, poco dados al conflicto abierto. Pero una cosa es la buena educación y otra es que nos tomen por una suerte de resort temático con playa incluida, apto para selfies, despedidas de soltero y, por lo que parece, también para esculturas monumentales de estética dudosa y aspiración mitológica.