El carbón, destacado protagonista en el desarrollo de la Revolución Industrial, hizo posible el avance tecnológico que permitió alcanzar un grado de progresión económica nunca vista hasta ese momento, derivado, en buena parte, del trabajo realizado por el proletariado industrial. Las máquinas de vapor no hubiesen sido efectivas sin el uso de este mineral, del mismo modo que tampoco lo hubiera sido el ferrocarril, casi exclusivo en el ámbito minero. El retraso de la Revolución Industrial en nuestro país quedó patente en las fechas del comienzo de las actividades extractivas de combustibles sólidos, cual fue el caso de la cuenca carbonífera de Peñarroya/Espiel/Belmez, por citar solo un ejemplo.